domingo, 16 de septiembre de 2012

SI EL PADRE LES HACE DAÑO ¿POR QUÉ QUIEREN IR CON ÉL?


Por Ana Arce
Fuente: Periódico El Otro Psi

 ¿No gravitan sobre nosotros fuerzas similares a esas otras que suelen convulsionar la tierra, engendrando cumbres donde había abismo y cavando fosos donde se alzaban cúspides?.... Belisario Roldán 1

Hoy me convoca interrogar la clínica, en especial la clínica psicoanalítica en época de la infancia. Como nos dice Lacan en la Conferencia de Ginebra sobre el síntoma: En esa experiencia que hacemos todos los días, la del análisis, la época de la infancia es absolutamente decisiva ya que los síntomas se cristalizan en etapas muy precoces. Nos propone relacionar este hecho con el modo en que analizamos los sueños y los actos fallidos. Andaríamos a tientas, en la oscuridad más total, si el sujeto no dijese al respecto una o dos cositas….. El simbolismo del sueño es exactamente del mismo tipo, ¿Qué son los sueños sino sueños relatados? Sólo en el proceso de su relato se lee su sentido. También podríamos decir ¿qué son los juegos sino juegos jugados? No nos habla de agudeza ya que la considera completamente fuera del alcance de los analistas, quienes naturalmente, para él, no tenemos el más mínimo ingenio.

Cómo sostener una hipótesis como la del inconsciente – si no se ve que es la manera que tuvo el sujeto, si es que hay algún otro sujeto que áquel que está dividido, de estar impregnado, podría decirse, por el lenguaje…El hombre piensa con ayuda de las palabras. Y es en el encuentro entre esas palabras y su cuerpo dónde algo se esboza- ¿si no hubiese palabras de qué podría testimoniar el hombre? Allí se ubica el sentido. Me interesaba, sobre todo, introducir el tema de hoy con unas palabras de esa conferencia cargadas de sin-sentido: “Dado que son ustedes de una ignorancia absoluta, no veo por qué no improvisaré hoy… Quiero simplemente tratar de hacer circular algo que sucedió, hacia fines del siglo pasado, en alguien que no era un genio, como suele decirse, sino, al igual que yo, un honesto imbécil”. Sólo después de salir del impacto y la sorpresa, podemos conjeturar que nos habla del inconsciente y nos hace revivir sus efectos ahí donde se sabe sin saber lo que se sabe o se cree saber donde en realidad nada sabemos. Entonces, no se trata de comprender sino de tolerar nuestra ignorancia. Ahora sí podemos salir del estupor y entender que nos dice que la agudeza no está de nuestro lado sino del lado del inconsciente. 2

La clínica que hoy me interroga, y que quiero compartir con ustedes, tiene la particularidad de tratarse de una niña que no se encuentra en las mejores condiciones en su infancia. Cuando, como analista, escuchamos de lo que se trata es del abuso sexual por parte de uno de sus progenitores ya no es posible mantenernos cómodamente sentados. La apuesta del inconsciente queda arrasada y se desgarra la trama simbólica con que se sostiene la escena del análisis. El analista queda conmovido en su función, tocado, por qué no, en su estructura, cuando lo obsceno irrumpe como mostración. El horror hace su entrada y tambalea así nuestra posible intervención:
“La guardería dice que tiene reacciones histéricas, pega a los compañeros, de repente se levanta y pega. Yo noté que cada vez que vienen del papá llegan con los genitales rojizos (en otro tramo del tratamiento agregará “con algo que no es pis ni caca sino semen”), no son normales…”, dice la madre. “Yo le pedí a la pediatra que le mirara los genitales y Marianella se negó. Me dijo que haga una denuncia.”
“Yo tengo otras hijas (de otra pareja). Una de ellas me contó que intentó besarla cuando tenía quince años, ahora tiene veinte. Una vez lo encontré con una bombacha de ella en las manos masturbándose en el baño. Hay cosas que me dicen que pasa algo…” (¿??????). En otro momento, estando con la nena, jugaba con su pelvis. Marianella me dijo: “Vos sola me podés tocar ¿no?, papi no”.-
Me niego a lo que se escucha como la demanda de sostener un goce obsceno: mirar los genitales de su hija. Me niego a continuar con la entrevista, a poco de iniciada, que se enmascara de consulta. La re envío a continuar en el ámbito legal y le pregunto qué viene a buscar.
Un nuevo discurso se escucha como efecto de la intervención: “A ella le está pasando y quiero saber qué le está pasando. Quiero saber si el padre se las puede llevar o no” (A Marianella y a su hermana de tres años, ambas derivadas por la pediatra.) Quiero que la evalúe alguien y me diga. Se hace pis en la cama, dos veces en la noche, está siempre enojada, se enoja por todo. Vienen del fin de semana y empezamos de nuevo”.
Cambia el discurso y un abanico se abre, una nueva dimensión no menos inquietante, una dimensión ética de nuestra función. ¿De qué intervención se trata ahora?. ¿qué hacer cuando lo que se escucha es algo del orden de un niño expuesto o de un niño en riesgo y sin embargo sabemos que se trata de dar lugar a la verdad del sujeto? ¿Qué hacer cuando la única ley que se escucha la enuncia un niño? ¿Cómo articular los tiempos del análisis, con su lógica del inconsciente y la transferencia, con los tiempos de la justicia o la ley? ¿Cómo dejar que se juegue el juego sin que eso implique quedarse mirando ¿Qué quiere decir que analicemos? ¿Qué quiere decir que el psicoanálisis opere en estos casos? ¿Para o por qué somos convocados a este lugar?
Ricardo Rodríguez Ponte, en el Seminario sobre la Psicosis qué dictó en nuestra Escuela allá en 1998, proponía esclarecer los cristales con que miramos la clínica. Sería algo así como un ”ejercicio espiritual” decía, no se trata de comprender, sino de modificar, con todo lo que esto implica de esfuerzo y de ejercicio, nuestra perspectiva habitual. Muchas veces lo que está
obrando es una dificultad que, cree entender, es el de una resistencia subjetiva, la del analista3. En aquel seminario se trataba de la psicosis y de la indicación de no retroceder ante su abordaje, de no pensar en la psicosis en términos de déficit en relación a la neurosis. Esto me permitió, a su vez, ponerlo en relación a la clínica con niños, no pensar en términos de déficit a la niñez en relación con la “normalidad supuesta de la adultez”. Ceder la posición del sujeto implica que el analista de ninguna manera podría ofrecerse como patrón de normalidad o garantía alguna. Se trata entonces de hacerle frente al horror y de ir más allá de él. De animarse a intervenir pero siendo lo suficientemente abstinente para dar lugar a la verdad del sujeto sin verse tentado a maternizar el vínculo, victimizar al sujeto o moralizar la situación. La pregunta por nuestra función, en la singularidad de esta clínica, me resonaba en cada intervención, a veces ésta requerida por el juzgado a través de un informe, por la pediatra o la guardería.
Otro obstáculo que la clínica nos confronta en estas situaciones tiene que ver con la noción de trauma. Según cómo lo entendemos será nuestra posición. “en el origen de la realidad psíquica Freud pone la realidad material o histórica. Que algo tenga una representación implica su origen en una percepción, en un acontecimiento que se localiza en la historia del sujeto o lo supone en la historia de la especie. Ese es el problema de la dualidad realidad psíquica/realidad objetiva o histórica. Esto implica que la pendiente sea la recuperación del pasado. El trauma es un acontecimiento con poder casual. La causa es un origen. A diferencia, para Lacan lo traumático es cuando un acontecimiento cae en un lugar particular de la estructura. No es el acontecimiento en sí, sino el lugar en el que cae. No hay realidad material o mas bien toda la realidad es psíquica”. Se trata de la articulación entre lo imaginario y lo simbólico. La oposición no sería entre realidad psíquica o realidad material sino entre realidad psíquica versus real.- “El lenguaje es causa del sujeto”4 Si hay causa no hay origen. Para Lacan el inconsciente está en lo que se dice, no está en las profundidades. No se trataría de hacer consciente lo inconsciente, llevar a la superficie aquello oportunamente reprimido.- Decimos que según la concepción que tengamos de estas nociones será como nos conducimos. En el caso clínico que nos ocupa se trata de no quedar atrapado en esa dualidad entre realidad psíquica y la realidad material. No se trata de saber sobre la verdad de los hechos sino de dar lugar a la verdad de la estructura.
Marianella es una nena preciosa, muy cuidada y adornada en su vestimenta. Porta unos cuatro años diminutos. A las primeras sesiones viene acompañada por su madre, luego por su hermana mayor (aquella del beso y la bombacha).
Se muestra muy atenta a cualquier cosa que se diga del padre, como queriendo atrapar toda palabra que se refiera a él. Las que se escuchan, de parte de quienes la acompañan, carecen de su función de velo y sólo paracen violentar su intimidad. Durante un tiempo esto le impide el acceso al juego. –
Cada viernes llega con flores que arranca en el camino y me las entrega con lágrimas en los ojos, cada vez que su hermana le impide cumplir con ese acto de amor. Del mismo modo se dan las despedidas cuándo, concretamente, la hermana tiene que arrancar de la sesión, no se quiere ir. Por un tiempo esa escena de transferencia me resultó enigmática.
La madre no sabe que hacer cuando el padre no las entrega cuando las tiene que entregar. “Él va a la guardería y hace escándalo. Ellos dicen que no se pueden negar a que las retire sin una orden judicial. Mi palabra no basta en los tribunales, no me creen, me creen una mujer despechada.” La situación procesal esta en una etapa de pruebas. No hay ningún papel que prohíba al papá el contacto con sus hijas. La madre hace la denuncia cuando lo descubre en ese acto onanista y se separa. Marianella llora cuando no la dejan ir a lo del papá. Él les dice que la mamá es una puta, que lo dejó porque no lo quiso más. La escena transferencial parece reproducir ese tironeo de cada visita al padre.

Del Juego:
Poco a poco se fue dando lugar al juego. Las escenas se armaban en una cama o en un baño con una puerta, un inodoro y una bañadera. Los personajes eran un padre, dos hijas (chiquitas o bebas), la mamá y la novia del padre. Todos estos representados por muñequitos de play móvil.

Una escena:
El papá se acuesta, compulsivamente Marianella acuesta al lado a las dos nenas. Le digo no, así no, cada uno en su lugar. Las nenas tienen que tener su cama, no tienen que dormir con el papá. Comenta que el papá le dice que su novia es su mamá, que ella tiene que decirle mamá. Su entonación y su mirada me hacen saber que se trata de una pregunta que espera una respuesta que ordene y autorice su negativa. Así lo hago. Muy asustada cuenta que la perra del papá tuvo cachorritos, que él papá llevaba envuelto uno muerto y lo tiró a la basura.
El hecho de que el padre tenga pareja tranquiliza a su madre ya que ahora no lleva a sus hijas a dormir a su cama. Le preocupa que las hiciera presenciar cuando el perro descuartiza al conejo o que las alimentara con embutidos cuando recién tenían un año. Revisa las bombachas de sus hijas luego de cada visita al padre, encontrando, alguna vez, restos de semen o irritación en sus genitales. No hizo ninguna denuncia policial oportunamente. A pesar de mi indicación las visitas no se interrumpen.
A las escenas del baño, que se repiten, introduzco una puerta, esas de “Monster Inc”. Se trata del nombre de una película de Disney: es el nombre de una corporación que contrata monstruos y les paga para asustar a los chicos y así mantener la energía de la ciudad. Mediante la puerta tridimensional los monstruos acceden a las habitaciones de los niños para cumplir con su función. Lo interesante es que, en muchos casos, les cuesta mucho lograrlo. Uno de sus personajes es Sullivan un monstruo alto, celeste y de aspecto tierno que, a pesar de ser el campeón y de sus intensos gritos con que procura asustar a los niños, muchas veces, termina siendo él el asustado. Hay particularmente una nena a la que tienen mucho miedo, que se acuesta en la cama de los monstruos por lo que temen contagiarse aunque terminan muy encariñados.
Luego de esta aclaración, ahora sí la escena del juego (todos los personajes representados por muñequitos): La puerta, el papá detrás de la puerta, golpea, un ratoncito se esconde (ella lo ubica detrás del inodoro): “shhh, shhh” (con el índice en cruz sobre su boca hace el sonido que indica silencio) “… que no lo vean”. El padre golpea y entra, el ratoncito sale de su escondite corriendo y le pega una y otra vez. Otra vez golpean la puerta, esta vez es la novia del padre, Marianella coloca compulsivamente a la beba que está en la bañadera en los brazos de esa mujer. La escena del juego se interrumpe, siente un deseo imperioso de ir al baño a hacer pis. Lo real pulsional irrumpe y el juego fracasa en su función de velo. Ahora la escena se traslada a la realidad del baño del consultorio. Me pide que entre y la acompañe, tiene mucho miedo al monstruo. ”Shhh, shhh, puede venir el mounstro, tengo miedo”. Me pide ayuda para sentarse, luego para levantarse y abrocharse el pantalón.

Cita sola a la madre a una entrevista, llega acompañada por Marianella y su hermana. Le transmito el susto y la angustia de su hija. Las visitas aún no se interrumpieron. Trae un papel, al parecer en respuesta a mi pedido, donde ella recuerda que un Juez indica la prohibición de las visitas, que ella considera necesario para evitar que el padre retire a sus hijas de la guardería. En realidad sólo se trata de la asignación de un abogado patrocinante. Le digo que si Marianella sigue durmiendo con el papá yo no la voy a poder seguir atendiendo. Ella está atenta a mi intervención mientras arma la escena del baño para jugarla con su hermana Florencia. En respuesta dice llorando y enojada : “Yo quiero ir con mi papá”. La madre agrega: “Yo la conozco, ella se pone así porque piensa que no lo va a ver más al papá.”

Tercera escena:
Le pregunto si ella se fue enojada la última sesión, dice que no. en esta sesión devuelve un larga-vista de juguete que se había llevado del consultorio, colgado de su cuello, sin que yo lo advirtiera. Con él jugamos a vernos, disfrutando cuando su imagen se aleja o se acerca en relación a mi mirada, y viceversa, según un lado u otro del prisma.
Otra vez la escena del baño, el ratoncito, el papá va a orinar: “Lo va a ver al ratoncito. Shhh, shhh, que no lo vea (el papá orina)… se va a asustar.” El ratoncito puede ser mirado pero también mira, puede asustarse pero también asustar. Un deseo imperioso e incontenible de hacer caca la invade. No puede aguantar. Otra vez la emergencia de la angustia. Otra vez la escena del juego se interrumpe y se traslada a la realidad del baño del consultorio. Me pide que entre con ella. Me habla de su dolor de las noches cuando no puede dormir, del dolor de cabeza, de la pierna, de la panza… me habla desde el inodoro de su dolor…

Retomo la pregunta que introduce el trabajo y creo lo atraviesa: SI EL PADRE LES HACE DAÑO ¿POR QUÉ QUIEREN IR CON ÉL?. Pregunta que es la de la madre, de la pediatra y, también, la mía. La madre la formula en las primeras entrevistas con un ingrediente aún más llamativo: “Es como masoquismo porque si les hace daño ¿por qué quieren ir? La pregunta está formulada en plural por lo que decidí respetarlo en el título, porque se refiere a sus dos hijas, aunque en la clínica se singulariza. Del mismo modo podemos preguntarnos por el juego. ¿Por qué Marianella repite en el juego lo doloroso, lo que la asusta, lo que le da miedo?
Freud, en Más allá del principio de placer, toma el juego del Fort-Da para hablar de la repetición, de la compulsión de la repetición, de tendencias pulsionales más allá del principio de placer. De una ganancia de placer ligada al displacer como un nombre freudiano del goce. El empuje de la pulsión no cesa y emerge como fuerza constante, lo cual causa el juego. El juego es un modo de trabajo del aparato psíquico, un intento de ligar la excitación pulsional y hacerla entrar en el proceso primario. Juego y placer no se conjugan. Hay un plus de placer en el displacer. ¿Qué está en juego en dicha repetición? “El empuje (Drang) de procesar psíquicamente algo impresionante, de apoderarse enteramente de eso. Si el significante es lo que los otros no son, el corte inscribe la diferencia. En el nieto de Freud se trataba de repetir el primer acto, el fort, el de la partida, el de quedar por fuera, así como en un segundo tiempo quedar por fuera de la imagen en el espejo, hacerse desaparecer. Es posible caer del otro, se inscribe como falta, se automutila. No es sin el otro, lo recorre. La pulsión no viene del interior del cuerpo, recorta un agujero, el del objeto perdido. El juego simboliza una pérdida, la pérdida como objeto, de esta manera es como se subjetiva. La repetición intenta inscribir algo del goce pero la pérdida de goce también. Pone en juego la falta en la insistencia misma. No olvidemos que el goce es imposible y si es imposible va a dar cuenta de la salida al deseo. Marianella juega a esconderse, a sustraerse de la mirada del otro, juega también a mirar, a hacerse ver, se hace objeto mirada. Implementa distintas respuestas, esconderse, pegar, colocarse como objeto colmando el vacío de los brazos de una madre. Cuando el recurso del juego falla en su función de ligadura de eso pulsional que insiste y no cesa de no inscribirse emerge la angustia. Vemos como Marianella, a pesar del horror de lo vivido, no dejó de jugar su juego.
Y para terminar, si el inconsciente es el discurso del Otro y como tal se nos dirige, no podemos dejar de estar implicados: Anoticiada de poder participar de las Jornadas, ya que mi inscripción fue tardía, me apresuro a buscar material que me ayude en la elaboración de este trabajo. Para mi sorpresa encuentro un papel, perdido entre otros papeles de muy distinto contenido, anotaciones de otros pacientes, donde estaba consignada la pregunta de la madre que inaugura este trabajo y el dato de que el papá jugaba con Marianella al monstruo, también venido de la madre ¿Qué hubiese pasado si ese papel no quedaba, como sucedió, en espera, si el saber sobre el juego monstruoso del padre no quedaba en suspenso? ¿Marianella hubiera podido jugar su juego?

(*) Miembro Analista de la Escuela Freudiana de Buenos Aires - Miembro integrante del Servicio de Psicopatología del Hospital San Bernardino de Hurlingham
(**) Trabajo presentado en el Coloquio de Verano: “el Inconsciente Freudiano y su Reformulación por Lacan. Sus consecuencias en la Clínica. Escuela Freudiana de Buenos Aires. 4 y 5 de Enero del 2008

Notas

1 “Una madre en Francia” Belisario Roldán, La novela Familiar 1917-1922
2 Intervenciones y Textos 2: Conferencia en Ginebra sobre el síntoma. Jean Lacan. Ed. Manantial. Pags. 123,124.
3 “Psicosis –La cuestión preliminar y otras cuestiones”, Rodriguez Ponte, Ricardo. Escuela Freudiana de Buenos Aires- Clase 3 del sábado 20 de junio de 1998- Pág. 1,4 y 5. S. Seminario, dictado en 1998.
4 “El inconsciente, lo que va de Freud a Lacan” Rodriguez Ponte, R. – Seminario “In-consciente”, Red de seminarios de la escuela Freudiana de Buenos Aires 2006

viernes, 30 de marzo de 2012

"Angustia y trauma", por Osvaldo Delgado

Introducción

Este trabajo, se enmarca en el punto II, del curso dictado por Eric Laurent: "Los tiempos de la angustia", que lleva como titulo "Retorno a la angustia anterior a 1926".

El tema preciso que voy a desarrollar es la diferencia entre "Angustia Señal y Angustia Traumática", sus fundamentos y consecuencias.

Para poder desarrollar los fundamentos, se hace necesario ubicar previamente los antecedentes y anticipaciones en la obra de Freud, sin dejar de mencionar el modo en que se presentan al final de su obra.

El propósito que da origen a este trabajo es establecer el fundamento matapsicológico freudiano del denominado "Ataque de pánico", a partir de conceptualizar el estatuto de la angustia.

Esta denominación, que agrupa elementos puramente descriptivos en el DSM IV, reúne dos términos: "urgencia" y "trauma".

Por lo tanto, el objetivo que persigue es ordenar conceptualmente el lugar de la angustia en la obra de Freud, para poder aislar su estatuto, ante esta generalización fenoménica en el conjunto de "las emociones", tal como lo desarrolló Eric Laurent en su curso.

Urgencia y Trauma
"Urgencia" es un término que proviene del código médico y refiere tanto a un dispositivo asistencial –la urgencia– como a un modo en que llegan ciertos pacientes a la consulta.

Freud ha descrito la urgencia, por ejemplo en el famoso historial del llamado "Hombre de las Ratas" y más específicamente en un escrito muy temprano que se llama "Observación de un caso severo de hemianestesia en un varón histérico". El relato que hace del modo de presentación de ese sujeto, es un detalle en donde él dice, que se trataba de un hombre que sufría de dolores de rodilla y en la planta del pié, sensaciones en la garganta como si tuviera la lengua atada, música en los oídos, convulsiones leves y ataques de vértigo.

Sin embargo, pese a que Freud destaca esta sintomatología, jamás "la urgencia" tuvo un estatuto conceptual en la obra freudiana ni fue elevado a la categoría de problemática clínica específica.

En la medida en que el psicoanálisis fue avanzando hacia otros terrenos, por ejemplo la clínica con niños, la clínica con psicóticos, las problemáticas que trajo aparejada la fundación del Ambulatorio Psicoanalítico de Viena, etc., y fue avanzando en la dimensión de la terapéutica, se fue encontrando con problemas absolutamente inéditos.

Estas problemáticas nuevas, fueron haciendo que los psicoanalistas tuvieran que dar cuenta conceptualmente, y asegurar la eficacia de su acción a partir de las categorías de la operación analítica en campos totalmente inéditos. En la medida en que cada vez más fue insertándose en los denominados espacios de la llamada Salud Mental.

Por otra parte, "trauma" siendo que también proviene del discurso médico, sin embargo es un término que recorta toda la obra de Freud. Encontramos "trauma" en el inicio, en relación con la "vivencia sexual prematura traumática", como externo a la estructura. Lo vamos a encontrar luego en el giro central de la obra de Freud en 1920, en el texto Más allá del Principio del Placer, como interno a la estructura.

En Freud se va a producir un movimiento, que es la primera ubicación del concepto de trauma como acontecimiento, como un episodio que es externo a la estructura pero que tiene un estatuto fundamental en la causación del sujeto mismo. Podríamos decir que, en términos freudianos ya, desde el inicio de su obra, el trauma aún teniendo el estatuto de un episodio externo, tiene la categoría de estar en la causación del sujeto. La causa misma del sujeto va a estar dada por el trauma. En los primeros textos de Freud nos encontramos con el episodio traumático, la llamada "experiencia sexual prematura traumática" luego un tiempo llamado por Freud de latencia. Posteriormente va a presentarse un representante psíquico, que entra en conexión asociativa con la marca que dejó el episodio traumático, y ese representante psíquico actúa retroactivamente. Ese segundo representante psíquico que entra en conexión con la marca que había dejado el episodio, hace que se genere lo que Freud va a llamar el trauma como perdido, como inasimilable, irrecuperable, lo que quedó es una marca. Esa marca primera, es primera en un sentido, en otro sentido es segunda, porque es el segundo representante, que entrando en conexión lo transforma al otro en primero.

El movimiento que hace Freud es el siguiente: el trauma en la primera época está como episodio, como "experiencia sexual prematura traumática". Tenemos el episodio, pero el episodio en sí mismo no produce ningún efecto. No tiene eficacia. En un período que Freud denomina de latencia va a producirse un representante psíquico, que va a entrar en conexión asociativa con la marca o la huella que dejó el episodio traumático. Este segundo tiempo, en retroacción sobre el primero, va a transformar al episodio en trauma, es a posteriori.

A su vez, va a producir recién en ese momento displacer. El displacer respecto al trauma va a aparecer en el segundo momento y va a producir a este momento retroactivamente como primero, porque recién en el segundo, transforma a esta huella en primero. Este es un concepto fundamental en la obra de Freud. Aquí, en la conexión de estos dos representantes psíquicos va a operar, va a decir Freud, la Defensa Primaria, produciendo como efecto el grupo psíquico separado. Opera la Defensa y produce el grupo psíquico separado y ¿qué es ese grupo psíquico separado, sino el primer antecedente del concepto de inconsciente en la obra de Freud? Pero queda un resto inasimilable, perdido.

Tenemos un segundo momento, un representante psíquico 2 (dos), que por retroacción vuelve a la huella, lo torna 1 (uno). Esto permite la producción de grupos psíquicos separados, o sea una primera escisión que es constitutiva del inconsciente por lo tanto constitutivo del sujeto mismo para el psicoanálisis.

El sujeto para el psicoanálisis es ese sujeto dividido, por eso el trauma está en una relación directa con la causación misma del sujeto. Tiene un valor causal. A partir de que entran en conexión estos dos representantes psíquicos vamos a tener un sujeto representado por ese grupo psíquico separado. Pero queda un resto inasimilable por la cadena de representantes psíquicos.

Cuando Freud construye el concepto de fantasía se le desvanece en la teoría la importancia central del concepto de trauma, en la medida que el trauma va a quedar ligado al episodio, a lo acontecido. La fantasía viene a ocupar el lugar causal que tenía el trauma en el primer momento. Pero aun en esa época la fantasía como Realidad Psíquica vela la practica pulsional, nombrada como autoerótica.

Es el tiempo intermedio entre el trauma de la primera época y el trauma de 1920, porque cuando Freud ubica al trauma en 1920 con la introducción del concepto de pulsión de muerte, el trauma ya no va a ser un acontecimiento exterior a la estructura sino interno a la estructura misma. Se mantiene el concepto de trauma. El concepto de trauma ya no va a referir a ningún episodio, a ningún acontecimiento sino que trauma va a referir directamente a la exigencia pulsional, a la pulsión de muerte. Lo que va a venir a ocupar el lugar del trauma como inasimilable y como aquello que pone a su vez a trabajar al aparato psíquico es el trauma como interno a la estructura, la pulsión de muerte.

Al final de su obra en Análisis terminable e interminable, y en El esquema del Psicoanálisis, se va a presentar el trauma respecto a dos cuestiones. Respecto a lo irreductible al final de un análisis, más allá de los términos del Complejo de Castración como envidia del pene y amenaza de castración, va a quedar lo que en Análisis terminable e interminable llama "un fragmento de agresión libre". Un fragmento de agresión libre es el término fundamental del texto Análisis terminable e interminable para dar cuenta de lo irreductible pulsional en un análisis, más allá del Complejo de Castración. Fragmento de agresión libre, es la irrupción pulsional, lo que queda como no ligado por el representante psíquico. Irrupción, más allá del estatuto de la verdad en la Realidad Psíquica.

Pasemos ahora al otro termino:"Urgencia"

La Urgencia reúne la presencia de un padecimiento sin velo, sin trama, con la cuestión del tiempo. Nombramos el conjunto Urgencia compuesta por dos elementos. Escribimos dos elementos dentro de ese conjunto y uno de los elementos es un padecimiento sin velo, sin trama de representación psíquica; y el otro elemento de ese conjunto es la cuestión del tiempo, la dimensión del apremio y de la prisa. Se presenta descriptivamente como desborde, como verborragia, como desesperación o también como un mutismo inconmovible. Puede también tener el carácter de una impulsión con todos los riesgos que implica tanto para sí mismo como para otros. Implica la dimensión de un acontecimiento que tiene el carácter de algo abrupto para el equilibrio psíquico del sujeto.

El trauma a la altura del texto freudiano Más allá del Principio del Placer, es abordado como irrupción pulsional o inundación económica, exactamente en los capítulos III y IV. Irrupción pulsional o inundación económica. ¿Qué es lo que Freud nos dice en ese texto separando ambas angustias? Es que en la angustia señal se sostiene la representación del sujeto. En vez en la angustia traumática, en la medida en que se produce la inundación económica como emergencia pulsional no ligada, va a implicar la caída de la escena psíquica. En términos de Freud, "atraviesan, perforan" lo que llama la "barrera protectora antiestímulo". ¿Ante qué estímulo? Justamente ante la irrupción de lo pulsional.

¿Qué es la barrera protectora antiestímulo? Es la cadena de representantes psíquicos misma. Es la que le permite al sujeto ligar la pulsión y mantener el equilibrio del Principio del Placer y de este modo mantener la dimensión homeostática del aparato psíquico. Homeostasis paradójica, ya que incluye la tensión deseante.

Es un interno- externo el modo en que Freud aborda el problema del trauma como interno a la estructura. Va a ubicar un interno-externo. Un exterior que es al mismo tiempo lo más íntimo.

Esta irrupción es algo ante lo cual el sujeto no puede responder como habitualmente lo hace. Es una suspensión de los recursos habituales del sujeto.

La irrupción pulsional deja al sujeto sin escena psíquica y es la ausencia de escena psíquica lo que reúne trauma y urgencia. Podemos tomar un modelo paradigmático de la escena psíquica mediante una formación del inconsciente: el sueño. El sueño como un ejemplo paradigmático de escena psíquica. La escena psíquica que nombramos "sueño", se sostiene siempre y cuando, los dos mecanismos fundamentales para la formación de un sueño, condensación y desplazamiento, operen. Porque justamente cuando hay un fracaso de los operadores desplazamiento y condensación, operadores que ligan la pulsión al deseo y mantienen el equilibrio del Principio del Placer, cuando fracasan, hay fracaso de la función del sueño, caída de la escena psíquica, sueño de angustia, despertar.

La caída de "la otra escena" y la Angustia
La "Barrera de protección antiestímulo" revela su punto de falla indicando lo pulsional no-ligado.

En el Proyecto de Psicología para neurólogos el resto que deja la "experiencia de satisfacción" (el deseo), realiza el "tratamiento" de lo que dejo como resto "la experiencia de dolor" (el afecto). Este es el antecedente de la diferencia: deseo-pulsión.

El deseo inconsciente busca "ligar" al resto diurno en su cara perturbadora (pulsional) en el trabajo del sueño. Su fracaso produce el despertar.

A su vez, sueño como formación, como manifestación de la Realidad Psíquica, anuda el sentido de los representantes psíquicos, la puesta en imágenes (figurabilidad) y el quantum pulsional (lo hiper nítido en todo sueño).

El fracaso del trabajo del sueño conmueve ese anudamiento y la dimensión de tiempo lógico que le es propia. Específicamente: "el tiempo para comprender" que marca la dimensión de elaboración pulsional.

La caída de la escena psíquica implica la puesta en suspensión "del tiempo para comprender" y puede dejar al sujeto en la posición de:"yo no pienso, soy", propio del pasaje al acto, para arrancar a la angustia su certeza.

La operación analítica, permitiendo la apertura del Inconsciente (yo no soy, pienso), reanuda el tiempo lógico en donde el sujeto puede representarse.

Precisamente, en los momentos de "Urgencia", hay una conmoción de la posición asegurada de la modalidad en el campo de la Repetición por parte del sujeto, ya que los "recursos habituales", ese "equilibrio psíquico" está sostenido en la repetición, marcado, trazado por un encuentro absolutamente contingente en la historia del sujeto que ha tenido para el estatuto de su "guía" en el mundo, como las "Series Complementarias" en Freud lo revelan claramente.

Del Trauma a la Angustia
Inicialmente el trauma aparece en la obra de Freud definido por dos caracteres:
a) Accidental: Da cuenta de la experiencia sexual prematura traumática.
b) Inasimilable: En la media que la articulación misma que pone en juego la defensa deja a la escena como irrecuperable.

Estos dos caracteres nombran un límite, ya que formulado como acontecimiento, el retorno se presenta como ajeno.

La posibilidad de desciframiento opera con las representaciones, que se van moviendo en la cadena asociativa hasta cierto límite, ya que la representación inconciliable para el yo es en conexión con esa escena pero que vale como recuerdo.

Si el primer tiempo del trauma es silencioso y tiene un valor potencial, es necesaria una represión posterior por recuerdo para que adquiera el valor traumático -esto es a posteriori-. El "a posteriori" implica que el recuerdo produzca un displacer mayor que el que tuvo la vivencia.

En este punto es lícito conectar el exceso de placer de la escena traumática que retorna en la neurosis obsesiva, con la fuente independiente de desprendimiento de displacer (hipótesis auxiliar, 1894). A esta altura la defensa opera separando la representación del monto de afecto y es el testigo en la producción de lo reprimido inconsciente del encuentro inconciliable con la sexualidad traumática.

El zwang de la representación reprimida sostiene una nueva satisfacción, irreconocible y que se manifiesta como sufrimiento.

Mientras que la representación, vía sustitución ubica al síntoma en el registro de las formaciones del inconsciente, la suma de excitación en tanto exceso habla de la ganancia primaria de la enfermedad. Esto es posible a partir de que, si la suma de excitación en tanto exceso habla de la ganancia primaria de la enfermedad sostiene en su desplazamiento el falso enlace, al mismo tiempo vale como resto, porque la fuente de la que proviene no se agota en la representación.

El éxito de la defensa se corresponde con la constitución misma del inconsciente y su fracaso, en conexión con lo inasimilable, retorna en lo compulsivo del síntoma.

Existe aquí una correspondencia puntual con lo formulado por Freud en el Proyecto de Psicología para neurólogos, en relación a las dos partes en que se divide el objeto particularmente en la experiencia hostil (complejo del semejante).

Sabemos que una parte va a formar el conjunto de caracteres perceptuales constantes que aparecen unidos como cosa (lo inasimilable); mientras que el segundo elemento sobre el objeto es lo que denomina juicio de atribución (los atributos: bueno o malo).

Lo que va a orientar al sujeto en la vía de sus deseos es la cosa, de la cual podemos saber a través de los atributos, sin poder jamás alcanzar el núcleo constante. Posición fija de la cosa que se caracteriza como lo que vuelve siempre al mismo lugar, sosteniendo en lo fallido del encuentro la imposibilidad de cualquier complementariedad.

Los atributos marcan lo que es cualidad. Puede ser entendido por la memoria, por una remisión al cuerpo propio del sujeto, a la propia experiencia subjetiva.

Dicho atributo va a constituir las representaciones, incluidas las primitivas, alrededor de las cuales se va a articular lo que va a ser regulado por el principio de placer-displacer. Por lo tanto se trata de los signos que la alucinación recupera.

Por su parte la experiencia de satisfacción, produce al objeto como perdido, con los referentes conceptuales del Desamparo y el Otro prehistórico.

El recordar-reproductor indica una memoria no orgánica constituyendo el placer de desear.

Angustia Señal y Angustia Traumática
Aquí la primer pregunta que nos formulamos es ¿cuál es la relación de la angustia y el Más Allá del Principio de Placer? A partir de aquí la segunda pregunta es respecto a la diferencia entre la angustia traumática y angustia señal.

En Más Allá del Principio de Placer la angustia surge como reacción ante un peligro. Este peligro está determinado por la ruptura de la barrera protectora.

El peligro al nivel de la angustia traumática, es la perturbación económica, producida por un incremento de las magnitudes de estímulo (núcleo genuino del peligro).

El núcleo genuino del peligro nos lleva al Proyecto de Psicología para Neurólogos.

El estado de Desamparo no implica en este texto, como angustia real, una fantasía de amenaza sino claramente una amenaza real.

A nivel de Más Allá del Principio de Placer la inundación económica de magnitudes se articula con el automatismo económico.

La angustia se generó como reacción ante un estado de peligro. ¿Pero, cuál es ese peligro?

Freud lo dice claramente en el Cap. VIII de Inhibición, Síntoma y Angustia; el aumento de tensión de la necesidad frente al cual es impotente.

El incremento de las magnitudes de estímulo en espera de tramitación implica el peligro del desvalimiento psíquico, en relación al período de inmadurez del yo.

En la situación traumática frente a la cual se está desvalido, coinciden el peligro externo y el interno, lo que Freud llama peligro realista y exigencia pulsional.

La situación económica es en ambos casos la misma y el desvalimiento motor encuentra su expresión en el desvalimiento psíquico.

¿Pero, y cuál sería esa experiencia pulsional respecto a la cual la angustia sería una respuesta?

La pulsión de destrucción vuelta hacia la propia persona.

Pero, ¿dónde realiza Freud la articulación que considero fundamental en este desarrollo?

Es en la Conferencia 32 llamada Angustia y Vida Pulsional.

Ahí Freud afirma: que a lo esencial respecto a esa gran excitación que es sentida como displacer y que el sujeto no puede dominar con su descarga, estado en que fracasan los esfuerzos del Principio de Placer, le damos el nombre de instante traumático.

El instante traumático paraliza la función del Principio de Placer y da a la situación de peligro su significación.

La Represión Primaria nace directamente de instantes traumáticos.

Entonces tenemos una línea que ubica:

Desvalimiento.
Inundación de magnitudes de estímulo - ruptura de la barrera protectora.
Respuesta ante un peligro.
Exigencia pulsional, como pulsión de destrucción contra la propia persona.
Instante traumático, como fracaso del Principio de Placer y base de la Represión Primaria.
El Principio de Placer nos asegura contra un daño determinado de nuestra economía psíquica.
¿Qué es lo que de aquí obtenemos?

La angustia traumática es respuesta a la ruptura del Principio de Placer a partir de una exigencia pulsional. Como pulsión de destrucción se sostiene en ese instante traumático, base de la Represión Primaria.

Y desde la misma conferencia realizamos la segunda articulación que Freud propone, formulando que hay un doble origen de la angustia:

Del instante traumático.
Como señal de que amenaza la repetición de tal instante.
Por lo tanto, la fuente económica de la angustia debe ser netamente diferenciada de la pérdida de objeto, más aún, es la perturbación económica la que da su lugar a la importancia de la madre como objeto y a su pérdida.

La angustia frente a la separación se funda en un desplazamiento de la perturbación económica, al otro que logra impedirla, es "decir a su condición".

Condición, en tanto que si el objeto está ausente, se produciría el desencadenamiento del automatismo económico.

Citemos a Freud en el cap. VIII de Inhibición, Síntoma y Angustia:
"Con la experiencia de que un objeto exterior, aprehensible por vía de la percepción, puede poner término a la situación peligrosa que recuerda al nacimiento, el contenido del peligro se desplaza de la situación económica a su condición", la pérdida del objeto. La ausencia de la madre deviene ahora el peligro.

El lactante da la señal de angustia tan pronto como se produce, aún antes que sobrevenga la situación económica temida.

En esta línea la angustia vale como una función.

¿Cuál?

Ser una señal, para la evitación de la situación de peligro.

Como señal siendo lo fundamental el desplazamiento que se opera. La reacción de angustia desde su origen en la situación de desvalimiento hasta su expectativa implica dos cuestiones:

Expectativa del trauma (anticipación).
Repetición amenguada de él.
Respecto a la primera decimos: la situación de peligro es la situación de desvalimiento discernida, recordada, esperada. Respecto a la segunda: el yo que ha vivenciado pasivamente el trauma "repite" ahora de manera activa una reproducción morigerada de éste, con la esperanza de poder guiar de manera autónoma su decurso.

Por lo tanto, la angustia en tanto su función como señal, implica tanto la expectativa, como la reproducción morigerada. Se articula a la repetición y al recuerdo.

Entonces esta reacción es una forma de recuerdo, se sitúa en el marco de la historia del sujeto.

El peligro del desvalimiento psíquico se adecua al período de la inmadurez del yo, así como el peligro de la pérdida de objeto, a la falta de autonomía de los primeros años de la niñez.

Precisamente en relación a la angustia señal se va a destacar el lugar central del yo.

El yo, es la sede misma de la angustia y la precocidad del yo no es madurativa, sino por lo contrario, estructural en la medida en que la existencia de la señal en el niño responde a la anticipación que se esboza en la tríada: Desamparo, Otro y llamado; aquello que permite que la estructura del lenguaje se posesione del organismo. La angustia en tanto estado afectivo sólo puede ser registrado por el yo.

En el seminario de La Angustia, Lacan nos dice, que la angustia es la señal en el yo, pero señal para todo sujeto del peligro.

¿Y de qué peligro?

Peligro de ser tomado el sujeto como objeto por el Otro, no como objeto de deseo, sino como el objeto que causó al Otro como deseante en una especie de salto temporal.

Peligro para el sujeto de su desaparición misma como sujeto.

Punto en donde el deseo del Otro vale como goce (objeto del goce del Otro).

Volviendo a Freud diremos: La angustia traumática vale como inundación económica en ruptura del Principio de Placer, que fija ese instante traumático, en donde se sostiene la necesidad de la Represión Primaria misma.

Instante traumático como valor de goce en la estructura psíquica misma, no asimilable por el Principio de Placer. Lugar propio del "Más Allá del Principio del Placer". Punto en donde se sostiene la pulsión de destrucción contra si mismo.

A partir de aquí en tanto señal, "lo temido, el objeto de la angustia, es cada vez la aparición de un instante traumático que no puede ser tratado según las normas del Principio de Placer".

A esta irrupción de goce, del denominado instante traumático, la angustia señal, le da un marco con la repetición-reproducción que como dice Freud, morigera lo vivenciado pasivamente.

La angustia señal se articula con la Represión Secundaria y con la formación de síntomas.

Pero los instantes traumáticos surgen de la vida anímica sin relación con las situaciones traumáticas supuestas, en las cuales la angustia no es despertada, por tanto, como señal, sino que nace basada en un fundamento inmediato (irrupción).

La angustia traumática, por lo tanto, se articula con la irrupción de goce. Paralización, de la función del Principio de Placer en su capacidad de ligar las magnitudes de estímulo; daño en la economía Psíquica, fracaso de las Formaciones del Inconsciente.

Si la Represión Primaria se sostiene en instantes traumáticos para que puedan retornar instantes traumáticos, es necesario que haya una vacilación en la estructura misma de aquello que articula la Represión Primaria y el Masoquismo (pérdida del marco de la pulsión de destrucción vuelta contra la persona)

Si la pérdida del objeto se articula como condición, en tanto señal de angustia, en verdad ausencia de la madre vale como deseo de la madre, como ausencia en relación a una presencia, como deseo de la madre más allá del sujeto. Deseo que hace aparecer un enigma, ausencia que sostiene el Fort-Da. Juego del pequeño con el Otro del significante a partir de la emergencia del deseo del Otro.

¿Qué provoca entonces angustia según Lacan?

"Contrariamente a lo que se dice, no el ritmo ni la alternancia de la presencia-ausencia de la madre y lo prueba el hecho de que el niño se complace en renovar ese juego de presencia-ausencia. La posibilidad de la ausencia es la seguridad de la presencia.

Lo más angustiante para el niño, es justamente esa relación, sobre la cual, él se instituye por la falta que le hace desear, esa relación, resulta ser lo más perturbador cuando no hay posibilidad de falta, cuando la madre le está todo el día encima, y especialmente al limpiarle el trasero, modelo de la demanda, de la demanda que no podría desfallecer" (Seminario 10, J. Lacan).

En el capitulo VIII de Inhibición, Síntoma y Angustia la angustia surge como reacción, ante el peligro determinado por la ruptura de la barrera protectora. La angustia traumática dijimos está causada por la perturbación económica, producida por el incremento de las magnitudes de estímulo.

"En ambos aspectos, como fenómeno automático, y como señal de socorro, la angustia, demuestra ser producto del desvalimiento psíquico del lactante, el correspondiente de su desvalimiento biológico (que ambas reconozcan por condición la separación de la madre no requiere de interpretación psicológica alguna).

La fuente económica de la ausencia, se diferencia de la pérdida de objeto, ya que es la perturbación en sí, la que da importancia a la madre como objeto.

Desplazamiento a la presencia-ausencia del Otro como condición.

El límite, que separa angustia automática y angustia señal, se juega entre la inundación económica y la condición de que de estar ausente (el objeto) determinaría el desencadenamiento del automatismo económico".

El concepto de desamparo del Proyecto es retomado en Inhibición, Síntoma y Angustia, en su articulación con la falta de significación. "No necesita interpretación psicológica alguna" (Inhibición, Síntoma y Angustia).

La cadena de representantes psíquicos, verdadero lugar de la barrera protectora, revela su punto de falla indicando el goce irruptivo (no ligado por lo tanto) que queda por fuera de la cadena.

"La ausencia de significación, en el nivel de la perturbación económica es central. Dicha ausencia de significación, funda esa perturbación económica, como fuera del lenguaje, fuera de la cadena asociativa". Dice Freud: carece aún de todo contenido psíquico.

El "Desamparo" por lo tanto es situado como un sin recursos ante la presencia del deseo del Otro, a merced del Otro.

La perturbación económica, en tanto invasión en el nivel del proceso primario, habla del factor traumático que no puede ser tramitado por el Principio de Placer.

La dimensión económica funda el Más Allá del Principio de Placer y sostiene tanto la temperancia o ligadura como su irrupción, lo no ligado.

Con el marco del "Desamparo" (falla en la cadena, ausencia de significación), la violenta irrupción del trauma, implica la imposibilidad de ligar los volúmenes de estímulos.

Desde ahí es que Freud va a decir que el incremento de las magnitudes de estímulo o acumulación de investiduras son el peligro real en juego en la angustia traumática.

Este peligro, es el que se articula en Más Allá del Principio de Placer al diferenciarse en el capítulo III, terror, miedo y angustia.

Esta última implica un cierto estado expectante que sirve como última defensa; pero "la vida onírica de la neurosis traumática, reconduce al enfermo una y otra vez a la situación de su accidente, de la cual despierta con renovado terror".

La fijeza psíquica del enfermo a la situación traumática permite anticipar la compulsión de repetición. La excitación traumática es formulada tanto como algo exterior, como también interior, indicándose el carácter de la pulsión como algo íntimo, pero exterior (trauma interno a la estructura), que tiene la cualidad de perforar la protección antiestímulo y de abolir en un primer momento al Principio de Placer.

"El apronte angustiado, con su sobreinvestidura de los sistemas recipientes, constituye la última trinchera de la protección antiestímulo" (S. Freud).

Con la abolición inicial del Principio de Placer la tarea que se le plantea al aparato, es ligar psíquicamente los volúmenes de estímulo. Por lo tanto, los sueños traumáticos tratan de dominar el estímulo a través del desarrollo de angustia faltante en la situación traumática.

Ese punto de exterioridad que puede ser representado dentro, tal como lo obtenemos en la experiencia de satisfacción, sostiene el intento de ligazón psíquica de impresiones traumáticas, articulando en el irrestricto imperio del Principio de Placer la ligadura pulsión- deseo. Ligadura por la cadena de representantes psíquicos manteniendo la distancia necesaria, (encuentro fallido) con el objeto perdido.

Síntesis y Conclusiones
La Angustia traumática por lo tanto se articula con la irrupción de la pulsión no ligada al deseo. Paralización de la función del Principio de Placer en su capacidad de ligar las magnitudes de estímulo, daño en la economía psíquica, fracaso de las formaciones del Inconsciente.

Esta Angustia nombra la caída de la "otra escena" ya que no operaran sus articuladores.

El fracaso de la ligadura pulsión-deseo suspende la posibilidad de la significación.

Se trata de un padecimiento no causado por un representante psíquico reprimido (como en el síntoma), sino por la ausencia misma de ese mecanismo. Por esto mismo desarticulación del tiempo lógico.

La ausencia de significación es efecto de la perturbación económica por fuera de la cadena asociativa. "Carece aun de todo contenido psíquico" (S. Freud).

Este es el fundamento metapsicológico de lo que hoy se denomina como novedad: "Ataque de pánico".

Significación en suspenso por conmoción de la realidad psíquica es lo que se expresa en el ataque de pánico. Realidad psíquica "freudiana", como la entendió Lacan, un Nombre del Padre.


Bibliografía

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Cosentino, J. C., Puntuaciones Freudianas de Lacan: Acerca de Más Allá del Principio de Placer, Manantial, Bs. As., 1992
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Fuente:
http://virtualia.eol.org.ar/023/template.asp?Lecturas-freudianas/Angustia-y-trauma.html

domingo, 13 de noviembre de 2011

"Leer un síntoma". Jacques-Alain Miller

Tengo que revelarles el título del proximo congreso de la NLS, justificarlo y presentar algunas reflexiones sobre la cuestión que podrán servirles de referencia para la redacción de los trabajos clínicos que convoca *. Elegí este título para ustedes a partir de dos indicaciones que he recibido de vuestra presidenta, Anne Lysy. La primera es que el Consejo de la NLS desearía que el próximo congreso sea sobre el síntoma, la segunda que el lugar del congreso sería Tel-Aviv, La cuestión por lo tanto era determinar qué acento, qué inflexión, qué impulso dar al tema del sintoma. Lo sopesé en función de mi curso que hago en París todas las semanas, donde me explico con Lacan y la práctica del psicoanálisis hoy, esta práctica que no es más completamente, o quizá de ningún modo, la de Freud. Y en segundo lugar he sopesado el acento a darle al tema del síntoma en función del lugar, Israel. Y por lo tanto, todo bien sopesado, he elegido el título siguiente : leer el sintoma, to read a symptom.

Saber leer

Aquellos que leen a Lacan sin duda han reconocido aquí un eco de sus palabras en su escrito « Radiofonía » que pueden encontrar en la recopilación de los Autres Écrits, página 428. Señala allí que el judío es aquel que sabe leer[i]. Se tratará de interrogar ese saber leer en Israel, el saber leer en la práctica del psicoanálisis. Diré inmediatamente que el saber leer, como yo lo entiendo, completa el bien decir, que se ha vuelto un slogan entre nosotros. Voy a sostener con gusto que el bien decir en el psicoanálisis no es nada sin el saber leer, que el bien decir propio al psicoanálisis se funda sobre el saber leer. Si nos atenemos al bien decir, no alcanzamos mas que la mitad de aquello de lo que se trata. Bien decir y saber leer están del lado del analista, es propiedad del analista, pero en el curso de la experiencia se trata que bien decir y saber leer se transfieran al analizante. Que aprenda de algún modo, fuera de toda pedagogía, a bien decir y también a saber leer. El arte de bien decir, es la definición de esa disciplina tradicional que se llama retórica. Ciertamente el análisis participa de la retórica pero no se reduce a ella. Me parece que lo que hace la diferencia es el saber leer. El psicoanálisis no es solo cuestión de escucha, listening, también es cuestión de lectura, reading. En el campo del lenguaje sin duda el psicoanálisis toma su punto de partida de la función de la palabra pero la refiere a la escritura. Hay una distancia entre hablar y escribir,speaking and writing. En esta distancia opera el psicoanálisis, es esta diferencia lo que el psicoanálisis explota.
Agregaré una nota más personal a la elección que hago del título, « leer un síntoma », puesto que es el saber leer lo que Lacan me imputa a mí. Ustedes encontrarán esto en el exergo de su escrito « Televisión », en la recopilación de los Autres Ecrits página 509, donde le planteaba un cierto número de preguntas en nombre de la televisión y puso en exergo del texto que reproduce con ciertos cambios lo que él dijo entonces : « Aquel que me interroga sabe también leerme » .[ii] Por lo tanto Lacan me prendió con el saber leer, al menos con el saber leer a Lacan. Es un certificado que me otorgó en razón de las anotaciones con las que escandí su discurso en el margen, muchas de las cuales hacen referencia a sus fórmulas llamadas matemas. Entonces la cuestión del saber leer tiene todas las razones para importarme.

El secreto de la ontología

Después de esta introducción voy a evocar ahora el punto en que estoy de mi curso de este año y que conduce precisamente a esta cuestión de lectura, y de lectura del síntoma. Estoy en estos días articulando la oposición conceptual entre el ser y la existencia. Y es una etapa en el camino donde considero distinguir y oponer el ser y lo real, being and the real.
Se trata para mí de poner de relieve los límites de la ontología, de la doctrina del ser. Son los griegos quienes inventaron la ontología. Pero ellos mismos se dieron cuenta de los límites puesto que algunos desarrollaron un discurso que se refiere explícitamnte a un más allá del ser, beyond being. Debemos creer que ellos sintieron la necesidad de este más allá del ser y colocaron el Uno, the one. En particular aquel que desarrolló el culto del Uno, como más allá del ser, es el llamado Plotino. Y lo extrajo siglos más tarde de una lectura de Platon, precisamente del Parménides de Platon. Entonces, lo extrajo de un cierto saber leer a Platon. Y más acá de Platon está Pitágoras, matemático pero místico matemático. Pitágoras el que divinisaba el número y especialment el Uno y quien no hacía una ontología sino lo que se llama en términos técnicos a partir del griego una henología, es decir una doctrina del Uno. Mi tesis, es que el nivel del ser llama, necesita un más allá del ser.

Los griegos que desarrollaban una ontología sintieron la necesidad de un punto de apoyo, de un fundamento inquebrantable que justamente el ser no les daba. El ser no da un fundamento inquebrantable a la experiencia, al pensamiento, precisamente porque hay una dialéctica del ser. Plantear el ser, es al mismo tiempo plantear la nada. Y plantear el ser es esto, es al mismo tiempo plantear que no es eso, por lo tanto lo es también a título de ser su contrario. El ser, en suma, carece singularmente de ser y no por accidente sino de manera esencial. La ontología desemboca siempre en una dialéctica del ser. Lacan lo sabía tan bien que precisamente define el ser del sujeto del inconciente como una falta en ser. Explota allí los recursos dialécticos de la ontología. La traducción de la expresión francesa « falta en ser » por want to be agrega algo totalmente precioso, la noción de deseo. Want no es solo el acto, en Want está el deseo, está la voluntad y precisamente el deseo de hacer ser lo que no está. El deseo hace la mediación entre being and nothingness. Encontramos este deseo en el psicoanálisis a nivel del deseo del analista, que anima la operación analítica en tanto que ese deseo apunta a conducir el ser al inconciente, apunta a hacer aparecer lo que está reprimido como decía Freud. Evidentemente eso que está reprimido es por excelencia un want to be, lo que está reprimido no es un ser actual, no es una palabra efectivamente dicha, lo que está reprimido es un ser virtual que está en el estado de posible, que aparecerá o no. La operación que conduce al ser el inconciente, no es la operación del Espíritu Santo, es una operación de lenguaje, la que aplica el psicoanálisis. El lenguaje es esta función que hace ser lo que no existe. Es incluso lo que los lógicos debieron constatar, se deseperaron por el hecho que el lenguaje sea capaz de hacer ser lo que no existe y entonces trataron de normativizar su uso esperando que su lenguaje artificial solo nombraría lo que existe.

Pero de hecho hay que reconocer allí, no un defecto del lenguaje, sino su potencia. El lenguaje es creador y en particular crea el ser. En suma el ser del que hablan desde siempre los filósofos, este ser no es jamás otra cosa que un ser de lenguaje, es el secreto de la ontología. Entonces, se produce un vértigo.


Un discurso que sería de lo real

Se produce un vértigo para los filósofos mismos, que es el vértigo mismo de la dialéctica. Porque el ser es lo opuesto de la apariencia pero también el ser no es otra cosa que la apariencia, una cierta modalidad de la apariencia. Entonces es esta fragilidad intrínseca al ser la que justifica la invención de un término que reúne el ser y la apariencia, el termino semblante. El semblante es una palabra que utilizamos en el psicoanálisis y con el cual tratamos de ceñir lo que es a la vez ser y apariencia de manera indisociable. Hace tiempo traté de traducir esta palabra en inglés con la expresión make believe. En efecto si se cree en ello, no hay diferencia entre la apariencia y el ser. Es una cuestión de creencia.

Entonces mi tesis, que es una tesis sobre la filosofía a partir de la experiencia analítica, es que los griegos, justamente porque han lidiado eminentemente con este vértigo, buscaron un más allá del ser, un más allá del semblante. Lo que nosotros llamamos lo real es ese más allá del semblante, un más allá que es problemático. ¿Existe un más allá del semblante ? Lo real sería, si lo queremos, un ser pero que no sería ser de lenguaje, que estaría intocado por los equívocos del lenguaje, que sería indiferente al make believe.

Este real, ¿dónde lo encontraban los griegos ? Lo encontraban en las matemáticas y en otras partes; desde entonces en que las matemáticas continuaron como continuó la filosofía, los matemáticos se dicen siempre con gusto platónicos en el sentido que no piensan en absoluto que crean su objeto sino que para ellos deletrean un real que ya está allí. Y eso, eso permite soñar, en todo caso hacía soñar a Lacan.
Lacan hizo una vez un seminario que se titulaba « De un discurso que no sería del semblante » [iii]. Es una fórmula que permaneció misteriosa incluso una vez que el seminario fue publicado, porque el título de este seminario se presenta bajo una forma condicional y negativa a la vez. Pero bajo esta forma, evoca un discurso que sería de lo real, es eso lo que quiere decir. Lacan tuvo el pudor de no decirlo bajo esta forma que develo, lo dijo bajo una forma solamente condicional y negativa : De un discurso que sería de lo real, de un discurso que tomaría su punto de partida a partir de lo real, como las matemáticas. Era el sueño de Lacan poner el psicoanálisis al nivel de las matemáticas. Con respecto a esto hay que decir que solo en las matemáticas lo real no varía – aunque en los márgenes varía de todos modos. En la física matemática, que incorpora y que se sostiene sin embargo en las matemáticas, la noción de real es completamente resbaladiza porque es de algún modo heredera de la vieja idea de naturaleza, que con la mecánica cuántica, con las investigaciones de estar más allá del átomo podemos decir que lo real en la física se ha vuelto incierto. La física conoce polémicas entre físicos aun más vivaces que en el psicoanálisis. Lo que para uno es real, para otro no es mas que semblante. Hacen propaganda de su noción de real, porque a partir de un cierto momento hicieron entrar en la cuenta la observación. A partir de ese momento, el complejo compuesto del observador y de los instrumentos de observación interfiere y entonces lo real se vuelve relativo al sujeto, es decir deja de ser absoluto. Podemos decir que de este modo el sujeto hace pantalla a lo real. No es ese el caso en matemáticas. ¿Cómo se accede en matemáticas a lo real, porqué instrumento ? Se accede por el lenguaje sin duda, pero un lenguaje que no hace pantalla a lo real, un lenguaje que es lo real. Es un lenguaje reducido a su materialidad, es un lenguaje que está reducido a su materia significante, es un lenguaje que se reduce a la letra. En la letra, contrariamente a la homofonía, no se encuentra el ser, being, in the letter is not being that you find, es the real.

Fulgor del inconciente y deseo del analista

Propongo interrogar el psicoanálisis a partir de estas premisas. En el psicoanálisis, ¿dónde está lo real ? Es una pregunta apremiante en la medida en que un psicoanalista no puede no sentir el vértigo del ser, desde el momento en que en su práctica está invadida por las creaciones, por las criaturas de la palabra

¿Dónde está lo real en todo esto ? ¿El inconciente es real ? ¡No ! De todos modos es la respuesta más fácil de dar. El inconciente es una hipótesis, lo que resta como una perspectiva fundamental, incluso si podemos prolongarla, hacerla variar.Para Freud, recuerden, que el inconciente es el resultado de una deducción. Es lo que Lacan traduce del modo más aproximado subrayando que el sujeto del inconciente es un sujeto supuesto, es decir hipotético. No es entonces un real. Incluso nos planteamos la cuestión de saber si es un ser.Ustedes saben que Lacan prefiere decir que es un deseo de ser más bien que un ser. El inconciente no tiene más ser que el sujeto mismo. Lo que Lacan escribe S tachado, es algo que no tiene ser, que solo tiene el ser de la falta y que debe advenir. Y nosotros lo sabemos bien, basta simplemente extraer las consecuencias de ello. Sabemos bien que el inconciente en el psicoanálisis está sometido a un deber ser. Está sometido a un imperativo que como analista representamos. Y es en ese sentido que Lacan dice que el estatuto del inconciente es ético. Si el estatuto del inconciente es ético, no es del orden de lo real, es eso lo que quiere decir. El estatuto de lo real no es ético. Lo real, en sus manifestaciones es más bien unethical, no se comporta según nuestra conveniencia. Decir que el estatuto del inconciente es ético es precisamente decir que es relativo al deseo, y primeramente al deseo del analista que trata de inspirar al analizante a tomar el relevo de ese deseo.

¿En qué momento en la práctica del psicoanálisis necesitamos una deducción del inconciente ? Simplemente por ejemplo cuando vemos volver en la palabra del analizante recuerdos antiguos que se habían olvidado hasta ese momento. Estamos forzados a suponer que esos recuerdos, en el intervalo, residían en alguna parte, en un cierto lugar de ser, un lugar que permanece desconocido, inaccesible al conocimiento, del que decimos precisamente que no conoce el tiempo. Y para remedar aún más el estatuto ontológico del inconciente, tomemos lo que Lacan llama sus formaciones, que ponen de relieve precisamente el estatuto fugitivo del ser. Los sueños se borran. Son seres que no consisten, de los que a menudo solo tenemos fragmentos en el análisis. El lapsus, el acto fallido, el chiste, son seres instantáneos, que fulguran, a los que les damos en el psicoanálisis un sentido de verdad pero que se eclipsan inmediatamente.

Confrontación con los restos sintomáticos

Entonces entre esas formaciones del inconciente está el síntoma. Por qué ponemos el síntoma entre estas formaciones del inconciente sino porque el síntoma freudiano también es verdad. Le damos un sentido de verdad, lo interpretamos. Pero se distingue de todas las otras formaciones del inconciente por su permanencia. Hay otra modalidad de ser. Para que haya síntoma en el sentido freudiano, sin duda es necesario qeu haya sentido en juego. Hace falta que eso pueda interpretarse. Es lo que constituye para Freud la diferencia entre el síntoma y la inhibición. La inhibición es pura y simplemente la limitación de una función. En tanto que tal una inhibición no tiene sentido de verdad. Para que haya síntoma es necesario también que el fenómeno dure. Por ejemplo, el sueño cambia de estatuto cuando se trata de un sueño repetitivo. Cuando el sueño es repetitivo implicamos un trauma. El acto fallido, cuando se repite, se vuelve sintomático, puede incluso invadir todo el comportamiento. En ese momento le damos el estatuto de síntoma. En ese sentido el síntoma es lo que nos da el psicoanálisis como lo más real.

Es a propósito del síntoma que la cuestión de pensar la correlación de lo verdadero y lo real se vuelve candente. En este sentido, el síntoma es un Jano, tiene dos caras, una cara de verdad y una cara de real. Lo que Freud descubrió y que fue sensacional en su tiempo, es que un síntoma se interpreta como un sueño, se interpreta en función de un deseo y que es un efecto de verdad. Pero hay, como ustedes saben, un segundo tiempo de este descubrimiento, la persistencia del síntoma después de la interpretación, y Freud lo descubrió como una paradoja. Es en efecto una paradoja si el síntoma es pura y simplemente un ser de lenguaje. Cuando tenemos que vérnosla con seres de lenguaje en el análisis, los interpretamos, es decir los reducimos. Reconducimos los seres de lenguaje a la nada, los reducimos a la nada. La paradoja aquí es la del resto. Hay una x que resta más allá de la interpretación freudiana. Freud se aproximó a esto de distintas maneras. Puso en juego la reacción terapéutica negativa, la pulsión de muerte y amplió la perspectiva hasta decir que el final del análisis como tal deja siempre subsistir lo que llamaba restos sintomáticos. Hoy nuestra práctica se ha prolongado mucho más allá del punto freudiano, mucho más allá del punto en que para Freud el análisis encontraba su fin. Justamente era un fin del que Freud decía que siempre hay un resto y por lo tanto siempre hay que recomenzar el análisis, después de un corto tiempo, al menos para el analesta. Un corto tiempo de pausa y luego recomenzamos. Era el ritmo stop and go, como se dice en francés ahora. Pero eso no es nuestra práctica. Nuestra práctica se prolonga más allá del punto en que Freud consideraba que hay finales de análisis, incluso si había que retomar el análisis, nuestra práctica va más allá del punto que Freud consideraba como fin del análisis. En nuestra práctica asistimos entonces a la cofrontación del sujeto con los restos sintomáticos. Pasamos por supuesto por el momento del desciframiento de la verdad del síntoma, pero llegamos a los restos sintomáticos y alli no decimos stop. El analesta no dice stop y el analizante no dice stop. El análisis en ese periódo, está hecho de la confrontación directa del sujeto con lo que Freud llamaba los restos sintomáticos y a los que nosotros damos otro estatuto muy diferente. Bajo el nombre de restos sintomáticos Freud chocó con lo real del síntoma, con lo que en el síntoma, es fuera de sentido.

El goce del ser hablante

Ya en el segundo capítulo de Inhibición, síntoma y angustia , Freud caracterizaba el síntoma a partir de lo que él llamaba la satisfacción pulsional « como signo y el sustituto (Anzeichen und Ersatz) de una satisfacción pulsional que no ocurrió »[iv]. Lo explicaba en el segundo capítulo a partir de la neurosis obsesiva y de la paranoia señalando que el síntoma que se presenta primeramente como un cuerpo extraño en relación con el yo, intenta cada vez más hacer uno con el yo, es decir tiende a incorporarse al yo. Veía en el síntoma el resultado del proceso de la represión. Evidentemente son dos capítulos y el conjunto del libro que deben trabajarse para el proximo congreso.

Quisiera señalar esto :¿ el goce en cuestión es primario ? En un sentido, sí. Podemos decir que el goce es lo propio del cuerpo como tal, que es un fenómeno de cuerpo. En ese sentido, el cuerpo es lo que goza, pero reflexivamente. Un cuerpo es lo que goza de sí mismo, es lo que Freud llamaba el autoerotismo. Pero eso es verdad para todo cuerpo viviente. Podemos decir que es el estatuto del cuerpo viviente el gozar de sí mismo. Lo que distingue el cuerpo del ser hablante es que su goce sufre la incidencia de la palabra. Y precisamente un síntoma testimonia que ha habido un acontecimiento que marcó su goce en el sentido freudiano de Anzeichen y que introduce un Ersatz, un goce que no haría falta,un goce que trastorna el goce que haría falta, es decir el goce de su naturaleza de cuerpo. Por lo tanto en ese sentido, no, el goce en cuestión en el síntoma no es primario. Está producido por el significante. Y es precisamente esta incidencia significante lo que hace del goce del síntoma un acontecimiento, no solo un fenómeno. El goce del síntoma testimonia que hubo un acontecimiento , un acontecimiento de cuerpo después del cual el goce natural entre comillas, que podemos imaginar como el goce natural del cuerpo vivo, se trastornó y se desvió. Este goce no es primario pero es primero en relación con el sentido que el sujeto le da, y que le da por su síntoma en tanto que interpretable.

Podemos recurrir para captarlo mejor a la oposición de la metáfora y de la metonimia. Hay una metáfora del goce del cuerpo, esta metáfora produce acontecimiento, produce este acontecimiento que Freud llama la fijación. Eso supone la acción del significante como toda metáfora, pero un significante que opera fuera de sentido. Y luego de la metáfora del goce está la metonimia del goce, es decir su dialéctica. En ese momentos se dota de significación. Freud habla de ello enInhibición, sintoma y angustia, habla de die symbolische Bedeutung, de la significación simbólica que afecta un cierto número de objetos.

De la escucha del sentido a la lectura del fuera de sentido

Podemos decir que eso se transmite en la teoría analítica. En la teoría analítica durante mucho tiempo se contó una pequeña historia sobre el goce, una pequeña historia donde el goce primordial debía encontrarse en la relación con la madre, donde la incidencia de la castración era por efecto del padre y donde el goce pulsional encontraba sus objetos que eran Ersatzque taponaban la castración. Es un aparato muy sólido que fue construido, que abraza los contornos de la teoría analítica. Pero de todos modos, voy a endurecer el trazo, es una superestructura mítica con la cual durante un tiempo se logró, en efecto, suprimir los síntomas interpretándolos en el marco de esta superestructura. Pero interpretando el síntoma en el marco de esta superestructura, es decir prolongando lo que yo llamaba esta metonimia del goce, se hizo inflar el sintoma también, es decir se lo alimentó con sentido. Allí se inscribe mi « leer el síntoma ».

Leer un síntoma es lo opuesto, es decir consiste en privar al síntoma de sentido. Por ello Lacan sustituye al aparato de interpretar de Freud – que Lacan mismo había formalizado, clarificado, es decir el ternario edípico – por un ternario que no produce sentido, el de lo Real, lo Simbólico y lo Imaginario. Pero al desplazar la interpretación del marco edípico hacia al marco borromeo, el funcionamiento mismo de la interpretación cambia y pasa de la escucha del sentido a la lectura del fuera de sentido.

Cuando se dice que el psicoanálisis es un asunto de escucha, hay que ponerse de acuerdo, hay que decirlo. Lo que se escucha de hecho, siempre es el sentido, y el sentido llama al sentido. Toda psicoterapia se sostiene en ese nivel. Eso desemboca siempre en definitava en que el paciente es el que debe escuchar, escuchar al terapeuta. Se trata por el contrario de explorar lo que es el psicoanálisis y lo que puede a nivel propiamente dicho de la lectura, cuando se tomadistancia de la semántica – los remito aquí a las indicaciones preciosas que hay sobre esta lectura en el escrito de Lacan que se llama « El atolondradicho » [v] y que pueden encontrar en los Autres Ecrits página 491y siguientes, sobre los tres puntos de la homofonía, la gramática y la lógica.

Apuntar al clinamen del goce

La lectura, el saber leer, consiste en mantener a distancia la palabra y el sentido que ella vehiculiza a partir de la escritura como fuera de sentido, como Anzeichen, como letra, a partir de su materialidad. Mientras que la palabra es siempre espiritual si puedo decirlo y la interpetación que se sostiene puramente a nivel de la palabra no hace mas que inflar el sentido, la disciplina de la lectura apunta a la materialidad de la escritura, es decir la letra en tanto que produce el acontecimiento de goce que determina la formación de los síntomas. El saber leer apunta a esa conmoción inicial, que es como un clinamen del goce – clinamen** es un término de la filosofía de los estoicos.

Para Freud, como el partía del sentido, eso se presentaba como un resto, pero de hecho ese resto es lo que está en los orígenes mismos del sujeto, es de algún modo el acontecimiento originario y al mismo tiempo permanente, es decir que se reitera sin cesar.

Es lo que se descubre, lo que se desnuda en la adicción, en el « un vaso más » que escuchamos hace un momento[vi]. La adiccion es la raíz del síntoma que está hecho de la reiteración inextinguible del mismo Uno., Es el mismo, es decir precisamente no se adiciona. No tendremos jamás el « he bebido tres vasos por lo tanto es suficiente », se bebe siempre el mismo vaso una vez más. Esa es la raíz misma del síntoma. Es en este sentido que Lacan pudo decir que un síntoma es unetcétera. Es decir el retorno del mismo acontecimiento. Podemos hacer muchas cosas con la reiteración de lo mismo. Precisamente podemos decir que el síntoma es en este sentido como un objeto fractal***, porque el objeto fractal muestra que la reiteración de lo mismo por las aplicaciones sucesivas les da las formas mas extravagantes e incluso pudo decirse que las mas complejas que el discurso matemático puede ofrecer.

La interpretación como saber leer apunta a reducir el sintoma a su fórmula inicial, es decir al encuentro material de un significante y del cuerpo, es decir al choque puro del lenguaje sobre el cuerpo. Entonces ciertamente, para tratar el síntoma hay que pasar por la dialéctica móvil del deseo, pero también es necesario desprenderse de los espejismos de la verdad que ese desciframiento les aporta y apuntar más alla a la fijeza del goce, a la opacidad de lo real. Si yo quisiera hacer hablar a este real, le imputaría lo que dice el dios de Israel en la zarza ardiente, antes de emitir los mandamientos que son el revestimiento de su real : « soy lo que soy » [vii].


* Jacques-Alain Miller presentaba al término del congreso de la NLS, que se realizó en Londres los día 2 y 3 de abril 2011,el tema del próximo congreso que tendrá lugar en Tel-Aviv en junio 2012. Texto establecido por Dominique Helvoet, no revisado por el autor.

La **N de T: la teoría del clínamen es una interesante solución propuesta por Epicuro al problema del libre albedrío prescindiendo de un dios garante de libertad.

***N de T Un fractal es un objeto semigeométrico cuya estructura básica, fragmentada o irregular, se repite a diferentes escalas. El término fue propuesto por el matemático Benoît Mandelbrot en 1975 y deriva del Latín fractus, que significa quebrado o fracturado.

Traducción: Silvia Baudini

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[i] Lacan J., « Radiophonie », Autres Ecrits, Paris, Seuil, 2001, p. 428.
[ii] Lacan J., « Télévision », Autres Ecrits, Paris, Seuil, 2001, p. 509.
[iii] Lacan J., Le Séminaire, Livre XVIII, D’un discours qui ne serait pas du semblant, Paris, PUF, 2007.
[iv] Freud S., Inhibition, symptôme et angoisse, 1926, Paris, PUF, 1986, p. 7.
[v] J. Lacan, « L’étourdit », Autres Ecrits, Paris, Seuil, 2001, pp. 491-493
[vi] J-A Miller hace referencia a la intervención de nuestra colega Gabriela van den Hoven de la London Society of the NLS : « The Symptom in an Era of Disposable Ideals », los síntomas en la era de los ideales descartables.
[vii] Moises dijo a Dios: Voy a encontrar a los hijos de Israel y les digo: El Dios de sus padres me envió hacia ustedes. Pero si ellos me dicen: ¿Cuál es su nombre?¿Que decirles?
Dios dice a Moisés: Soy lo que soy Ehyeh asher Ehyeh (La Biblia, Exodo 3,13-14a)

miércoles, 27 de julio de 2011

Jacques-Alain Miller: Psicoanálisis puro, psicoanálisis aplicado y psicoterapia

I. LA DIFERENCIA ENTRE PSICOANÁLISIS Y PSICOTERAPIA
En el primer trimestre hice pesar sobre nosotros un recuerdo insistente, el de la diferencia entrepsicoanálisis puro y psicoanálisis aplicado, aplicado, añadí, a la psicoterapia.1 ¿No ha llegado elmomento de que suelte el peso que cargué sobre sus espaldas y, créanme, también sobre lamía?
1.Un recuerdo
Enunciado de un diagnósticoEl recuerdo tuvo como motivo una coyuntura, la nuestra, dado que no me parecía que sehiciese esa diferencia, ni tan siquiera que se considerase, señalase o se estableciera. Al mismotiempo, hay que constatar que este recuerdo de dos términos opuestos, clásicos en elpsicoanálisis y más allá de él, aunque un poco en desuso, ha producido turbación, inclusosufrimiento y, como se ha escrito, un cierto sentimiento de vacilación.Lo tuve en cuenta y muy seriamente. Por más tajantemente que lo hiciera, por mástranquilamente y apoyado en una evidencia y en todos nuestros clásicos, no había consideradoese recuerdo más que como el primer paso de un problema que había que resolver, como elenunciado de un diagnóstico.Intenté, pues, tratarlo de la manera adecuada, que para mí no es ni a través de la institución,ni de la clasificación, ni del momento en que aparece el problema e implica el acuerdo o ladinámica entre los analistas.El punto al que dirigí mi atención es el del psicoanálisis como práctica. Trabajé sobre él con laesperanza de encontrar una salida que, si no es la buena, al menos dé la posibilidad deaguantar durante un tiempo. Lo que aporto aquí son esas consideraciones.
Punto de capitónAlgo más tarde hablaré, sin duda, contra la noción de punto de capitón desde la nuevaperspectiva que me ha surgido. Se justifica, en efecto, si tomamos distancia del punto dereferencia que tan constantemente podemos adoptar en lo que denominamos, a partir de lametáfora que Lacan escogió, la ilustración del punto de capitón y que remite a un mecanismosignificante totalmente preciso.Sin embargo, lo que he cambiado, lo que he tratado de urdir es muy simple en definitiva eimplica para mí precisamente algo del orden de un punto de capitón, es decir, me haproporcionado un punto de vista que, ciertamente, si distingo bien lo que lo precedía, noposeía. No estaba orientado, tal como voy a intentar comunicar ahora de la manera más simpley dejando lo que pertenece al orden de la construcción para más tarde.El hecho de que no se haya establecido la diferencia entre psicoanálisis puro y psicoanálisisaplicado a la psicoterapia conduce a confusiones, nos ha llevado a confusiones prácticas, alplanteamiento de falsos problemas y, sobre todo, a esbozar falsas soluciones. Dichobrevemente, nos ha dirigido a un cierto número de embrollos a la hora de ubicar comocorresponde lo que hacemos en la práctica. Debemos aún determinar la confusiónverdaderamente importante. ¿De cuál se trata? No tanto de la confusión entre psicoanálisispuro y psicoanálisis aplicado a la psicoterapia, pues dicha confusión tiene una importancialimitada en la medida en que en ambos casos, si admitimos que se distinguen, se trata depsicoanálisis. La importante verdaderamente es la que, en nombre de la terapéutica, confundelo que es psicoanálisis y lo que no lo es.
La cuestión fundamentalPara ser precisos, si establecemos con rigor el objetivo, no haría falta que el psicoanálisis, en sudimensión propia o en su uso, en su preocupación terapéutica, se sintiera atraído, perturbado eincluso mortificado por esta especie de cosa no psicoanalítica que se adorna con ladenominación de psicoterapia. Lo que hace falta es que el psicoanálisis aplicado a la terapéuticasiga siendo psicoanálisis y que se preocupe por su identidad psicoanalítica. Para fijar las ideas loescribiré así:
a puro/ a aplicado (a la terapéutica) // o terapia
Señalo que la diferencia que he recordado entre psicoanálisis puro y psicoanálisis aplicado hasido establecida para incidir sobre la diferencia entre los dos y la psicoterapia. Mi recuerdo teníaefectivamente como objetivo exigir mucho al psicoanálisis aplicado a la terapéutica, es decir,exigirle que sea psicoanálisis, que no deje de serlo bajo el pretexto de la terapéutica y que nose deje arrastrar a franquear ese límite, esa diferencia.Es simplemente en este punto, en la misma dirección, en el que se muestra a las claras que lacuestión esencial, la que nos estamos planteando, es la del psicoanálisis aplicado a laterapéutica: que siga siendo psicoanálisis, que sea un asunto de psicoanálisis, que sea elpsicoanálisis como tal en tanto que aplicado.Me imagino que hay un acuerdo sobre estas premisas elementales y ello supone que nosdediquemos a establecer la diferencia entre el psicoanálisis como tal, puro o aplicado, y lapsicoterapia.
La psicoterapia no existe
Este tema ya se planteó hace doce años, fue objeto de un congreso con todos los requisitos yse trató de forma inmediata en diversos acontecimientos. Pero indudablemente no teníamosante nosotros en aquel entonces la misma coyuntura que en la actualidad. Lo digo también enlo que a mí concierne, pues en ese congreso, celebrado en la ciudad de Rennes, yo mismotomé la palabra sobre el tema “Psicoanálisis y psicoterapia”.2Establecer esa diferencia no debería ser difícil si partimos de que la psicoterapia no existe, deque se trata de un rótulo acomodaticio que acoge a las prácticas más variadas, hasta lagimnasia. Esta no es por otra parte la más perjudicial. La gimnasia es incluso un ejercicioaltamente recomendable. Es preciso que amplíe mi reflexión sobre el tema si me tomo en serioel punto al que hemos llegado, que hay más en el cuerpo que en nuestra filosofía.Las modalidades que pueden pretender tener efectos psicoterapéuticos en cualquier caso noson nuestro problema. Las que nos crean problemas son aquellas que se mantienen próximas alanálisis, que acogen la demanda de quien sufre y quiere saber, que la tratan por la palabra y laescucha y, además, como se dice, como se ha venido diciendo desde hace mucho tiempo, seinspiran en el psicoanálisis, fórmula sacramental y reglamentaria en un cierto ambiente. Sivamos hasta el fondo, existen formas que reclaman su conformidad con el psicoanálisis, y sivamos hasta el fondo del fondo, que se llaman psicoanálisis.
Un semblante del psicoanálisisNo resulta excesivo, al menos a título exploratorio, formular el problema en estos términos: elpsicoanálisis ha producido, ha nutrido, ha animado a su propio semblante y a partir de ahí éstese ha desarrollado, ha transitado y vampirizado a aquel. Digo vampirizado porque podría darsea esta historia un estilo de cuento gótico a la manera de Edgar A. Poe, algo así como “Elpsicoanálisis y su doble”. Una vez puestas en evidencia las semejanzas, las confusionesintermitentes sobre la persona, el carácter intercambiable del original y del doble, la narraciónse concluiría con la substitución del original por el doble, y el primero acabaría expropiado,exiliado, desechado, eliminado.¡No es necesario creérselo! Al leer lo que se dice y lo que se escribe entre los psicoanalistas,más allá de lo que se ve superficialmente, se constata que en ocasiones toma ese cariz de loque he llamado expropiación del psicoanálisis.Si se medita resulta lógico e incluso necesario que el psicoanálisis haya producido su semblante.¿No es también lo que le ocurrió a la filosofía tal como la promovió Sócrates y que produjo sudoble bajo la especie de los sofistas? Es eso lo que motiva la constante polémica platónicacontra los sofistas en tanto que dobles, en tanto que semblantes de filósofo. Es una pequeñadificultad actual.En la manera en que se ha empezado a hablar del problema del psicoanálisis y la psicoterapia,no se pretende más que ver desarrollarse a esta imaginería del original y su doble, sólo queaquí es más difícil de situar. Hay algo de eso, de gótico, de platónico en el tormento querepresenta para el psicoanalista la extensión creciente de la psicoterapia en su forma próxima alanálisis, esa forma derivada, y que no me parece excesivo cualificar de semblante delpsicoanálisis.Se podrían realizar aquí encuestas sociológicas, pero eso no nos daría la clave de eseestancamiento ni la manera de superarlo. Es en el psicoanálisis mismo donde se encuentra elsecreto de ese semblante, si es cierto que es él quien ha producido ese semblante que lodevora.Lo pongo entre comillas. Mantengámonos serenos. Lo que hacemos aquí es una composición ylo que intento es reunir las diversas notas que podrían intentar, o que intentan efectivamente,las unas o las otras, desarrollar fragmentos y una sinfonía. Hay con que hacerla.
2. Una cuestión planteada a Lacan“El buen fin de la razón”En el punto en que nos encontramos, puede uno darse cuenta de que fue sin duda la defensacontra el semblante lo que motivó el aparato de reglas formales y de validación institucionaltradicional en que fue situada la práctica psicoanalítica por sus primeros servidores. A partir delo que es el psicoanálisis, no les faltó el presentimiento de que produciría su semblante, deacuerdo con su concepción, en una coyuntura sin embargo, muy diferente a la nuestra.Podemos dar crédito a ese presentimiento y los que se fían de ese aparato son los primeros endecirlo, antes que nosotros, pero se aprecia bien a las claras la impotencia de tal aparato.Quizás porque confiaban en este aparato antisemblante tras el que se atrincheraron, fueron losprimeros en alertar sobre su debilidad ante el semblante.Podemos decir en la actualidad que establecer la diferencia entre psicoanálisis y psicoterapia apartir de la regla y la tradición no conduce de hecho más que situar el psicoanálisis en unaposición frágil, en la posición de la fortaleza asediada. Cuando uno se encuentra asediado, todoindica que está en vías de ser apresado en el interior.Tratemos de mantener nuestro rumbo en ese tormento que no precisa más que de un poco detiempo para convertirse en una tormenta y, de acuerdo con la fórmula de Roultebaille, de“tomar las cosas por el buen fin de la razón”.En primer lugar no hay ninguna disposición reglamentaria, institucional, que se pueda mantenercuando falla la orientación. No es hacia la institución que hay que dirigirse para mostrar no séque clase de filtro en que se retendría la cizaña para liberar el grano. Lo que necesitamos paratrazar nuestro camino es una orientación de estructura.En este rodeo, ¿a quién pedir orientación? Ciertamente a nuestras entendederas, pero lamollera tiene la costumbre, a su parecer con los mejores efectos, de dirigirse a lo que Lacannos dejó, incluso si es poco, equívoco o contradictorio con otras cosas. En este caso se trata deargumentos y no de indicaciones. Es ahí que, en términos de orientación, tenemos la costumbrede buscar nuestro hilo, sin perjuicio de tomar nota de que la coyuntura ha variado, perootorgándole el crédito verificado, no ciego, de una cierta capacidad de anticipación de la quehasta el momento creemos habernos dado cuenta.El pequeño punto de apoyo que tomo es el que me da el hecho de que la cuestión le fueplanteada y además por mi (véase “Televisión” p. 89 y siguientes), me refiero a la cuestión dela diferencia entre psicoanálisis y psicoterapia, entendiendo por psicoterapia la que se apoya enla palabra, la que se funda en la escucha y en la palabra. Esa es la marca con la que ya enaquel tiempo se delineaba el fenómeno del semblante que después ha crecido y en el que noshallamos atrapados.
Las respuestas que Lacan no dio¿Cuántas veces lo hemos leído? Sin embargo se trata de comprender, y eso es lo que cambia,su respuesta como una respuesta a nuestras interrogaciones de hoy. Para apreciar lo esencialde esta respuesta, para captar el alcance que puede tomar en la actualidad, conviene situarlasobre el fondo de lo que no es, quiero decir sobre el fondo de las respuestas que Lacan no dioen 1973 sobre el problema de saber que es lo que distingue el psicoanálisis de la psicoterapia.De esas respuestas que no dio, pero que podría haber dado, al menos es lo que propongo, yodistinguiría dos convirtiendo a la que dio en la tercera de la serie.La primera respuesta que no dio habría utilizado este aparato vectorial que se llama el grafo deldeseo. Es esta respuesta, que entonces no había dado, incluso si se encuentran elementos ensus seminarios anteriores, la que me tocó a mi desarrollar en Rennes. Toma como base de ladistinción entre psicoanálisis y psicoterapia la diferencia de nivel en el grafo de Lacan.
Consiste en repartir psicoanálisis y psicoterapia entre estos dos niveles indicando el papel de loque en A abre el camino al nivel superior y en que puede considerarse que es operatorio eldeseo del analista, lo que no ocurriría en la parte inferior.Este esquema tiene algo de probatorio para dar cuenta de la eficacia de la psicoterapia, si sequiere situarla. El sólo hecho de colocarse en posición de escucha, de escucha prolongada deuna comunicación íntima y seguida por parte del paciente, constituye al auditor en A o le instalaen el lugar del Otro y esta posición, de alguna manera de síndico de la humanidad, de lugar dela palabra, de depositario del lenguaje, confiere a su palabra, cuando la deja ir, un poder quees susceptible de operar, que es eficaz, en particular para rectificar las identificaciones.
Un trayecto más alláLes recuerdo la noción de lo que se ha obtenido que, después de todo, es bastante convincentey que realza el valor de esta instancia del deseo del analista que se establece sobre el rechazopor parte del auditor-intérprete a utilizar el medio de su omnipotencia supuesta, identificatoria.El deseo del analista es esta abstención misma y abre a un trayecto más allá.Está claro que este esquematismo permite, incluso encarna, lo que quiere decir un trayecto másallá, ya que, tal como está construido, la única puerta de entrada para acceder al nivel superiorestá en el lugar del Otro. Si ahí las agujas no dan acceso a este vector, si se está atascado, nose puede acceder desde ninguna otra parte. Tenemos pues aquí un punto singular que seconstituye en puerta de entrada para un vector. Donde se juega el cambio de agujas deltrayecto subjetivo, tenemos un punto único.Hay que ver hasta qué punto este esquematismo se ha convertido para nosotros en elinstrumento de referencia de la práctica, un instrumento en todo caso muy relevante y cuyosecos se propagan. Para decirlo rápidamente, su fundamento estriba en la escisión y laarticulación de lo que es palabra, los circuitos del nivel inferior, y de lo que es pulsión. Lapalabra tendrá el primer nivel, la pulsión el segundo.
Simétrico al lugar del Otro encontramos algo que lleva la escritura lacaniana que ya en otrotiempo hizo falta descifrar, pero que por hoy y quizás por un momento podríamos simplificardándole su nombre freudiano: ello. Lo que Lacan expresó y quizás a la vez veló con una siglaque presenta una cierta complejidad, puede ser suficiente distinguirlo aquí como el ello paraconferirle el privilegio de ser el lugar de las pulsiones.Recuerdo que en una ocasión Lacan, en un rodeo de su Seminario, se reprochaba haberlosconfundido durante tiempo, en vez de haberlos distinguido, con su “ello habla”. Se reprochabahaber confundido en su “ello habla” el ello y el inconsciente, pero en su ser de palabra. Esteesquematismo saca la conclusión de lo que Lacan consideró en un cierto tiempo como suconfusión distinguiendo el lugar de la palabra y el de la pulsión, el Otro y el ello.No voy a explicar la interesante exposición que había preparado, pero que tengo que saltarme,que volvía sobre la función correlativa, la del S(/A), en la que puede decirse que se inscribe laescisión del ello y del Otro, que refleja la escisión del ello y el Otro.
Estoy privilegiando por supuesto la presentación por niveles. En Lacan se encuentra laposibilidad de considerar que los dos niveles son de hecho simultáneos y funcionan de algunamanera superpuestos.En el nivel inferior, en el que nuestra hipótesis sitúa a la psicoterapia, no se plantea la cuestióndel goce y esto ya nos proporciona una diferencia, hay que acceder al segundo nivel para queocurra. La omnipotencia del Otro es preservada a esa precio.En la psicoterapia se eludiría lo que cuestiona la omnipotencia del Otro. Se preservaría suconsistencia, mientras que lo característico de la posición analítica, que abre al psicoanálisispropiamente dicho, sería, al admitir la cuestión del goce, no hacer consistir al Otro.Es formidable. Lo encuentro realmente bien. Se sostiene. Lo había expuesto anteriormente,mucho más desarrollado, casi de esta manera. Pero no es la respuesta de Lacan.Indudablemente, es anterior, se encuentra esparcida en el curso del Seminario, pero no es larespuesta que dio.Dio una respuesta que pareció mucho menos interesante, realmente pobre, algunas frasescómicas.
Lo que el inconsciente reclamaLa segunda respuesta que Lacan tampoco dio consistiría en considerar que la psicoterapia seinscribe en el discurso del amo. ¿Por qué Lacan no respondió simplemente en este sentidocuando los cuatro discursos eran aun para él, en 1973, una referencia completamente actualcuyo uso puede encontrarse en “Televisión” mismo? ¿Por qué no dio una respuesta que habríallevado a situar la psicoterapia a partir del discurso del amo, respuesta que no habría sidoinadecuada?El discurso del amo es conforme al inconsciente. Es lo que el inconsciente reclama. Es sudiscurso. En términos de psicoterapia se podría decir que el sujeto reclama una identificaciónque aguanta y sufre cuando esta vacila, cuando le falta. Lo que urge es restituirla. Sólo conesta condición puede encontrar su lugar. Y como esta psicoterapia, a la que supongo parecida,habla como nosotros, busca su lugar en el saber de su tiempo, en lo que distribuye los lugaressocialmente establecidos o señalados. Además, está el objeto a como producto. Efectivamentehay que ser productivo. Es lo que motiva la creencia contemporánea en el síntoma. Se refiere alfuncionamiento. ¿Se trata de lo que puede funcionar o de lo que no llega a funcionar? Se veclaramente que no estaría nada mal desarrollar la psicoterapia al nivel del discurso del amo.No nos confundamos. El objeto a que está allí no es el que se articula en el fantasma.Utilicemos la notación de Lacan según la cual el discurso del amo es precisamente un discursoque para los pies al fantasma, que lo hace imposible.
S/ // a
En el discurso del amo entre S/ y a hay una doble barra que indica la imposibilidad de unarelación y aquí la relación que se ha convertido en imposible, que ha sido arrinconada, es elfantasma. Podría decirse que en efecto la psicoterapia privilegia la identificación al precio dearrinconar el fantasma.La primera respuesta, la que se apoya perfectamente, de forma probatoria, en el grafo,convierte en definitiva a la psicoterapia en el primer paso de un análisis. Me es difícil recordarlas coyunturas mentales precisas en que balbuceé sobre ese asunto hace diez años, per eramás bien en una tentativa irenea. ¡Todo va bien! Esta respuesta tenía justamente el mérito dehacer de la psicoterapia el primer paso de un análisis como podría proponerse a modo deejercicio a los que se inician en la práctica. Esta respuesta, la primera que Lacan no dio,convertiría a la psicoterapia en vecina y amiga del psicoanálisis. Si quieren ir por la vía de labuena vecindad ese es el camino que deben tomar, queda a su elección.La segunda respuesta que Lacan no dio, a partir del discurso del amo, aleja al contrario a lapsicoterapia dado que la sitúa en el registro del reverso del psicoanálisis.
El rasgo distintivo del sentidoLa tercera respuesta, la que dio y pasó ampliamente desapercibida en sus consecuencias, en suacento, brilla por su simplicidad. Afirma simplemente, como carácter distintivo de lapsicoterapia, el sentido, eso es todo, aparte de algunas florituras para reírse del sentido. Lacanse contenta con decir: “La psicoterapia especula sobre el sentido y en eso consiste su diferenciacon el psicoanálisis”. Se burla un poco del sentido en algunas líneas sobre el sentido sexual, elbuen sentido, el sentido común. Se burla tanto más cuanto que señala que “se creería que lavertiente del sentido es la del análisis”, pequeño detalle que hoy tiene otra resonancia.En el momento en que se burla del sentido, en que atribuye a la psicoterapia especular sobreel sentido, dice también: “esta vertiente del sentido se creería que es la del psicoanálisis”.Encontramos precisamente el señalamiento del hecho del semblante. Cuando se especula sobreel sentido, se hace creer que opera el psicoanálisis. En este condicional y en este señalamientose deslizan ya el hecho del semblante.El lugar de la psicoterapia puede ser confundido con el del ejercicio del psicoanálisis por elsesgo del sentido. En el horizonte de esta perspectiva está la confusión de lo que he llamado ladoble expropiación.Es el colmo, puesto que se tendrían las mejores razones para creer que el análisis opera sobrela vertiente del sentido y no es nada más que el sentido como tal lo que constituyó la puerta deentrada de Lacan en el psicoanálisis. Si hay alguien que haya creído que la vertiente del sentidoera propiamente la del psicoanálisis, que la haya incluso introducido en el psicoanálisis, esLacan. Lacan entró en el psicoanálisis reintroduciendo el sentido.Tenemos aquí una de las manifestaciones de lo que llamé ya hace tiempo Lacan contra Lacan.Cuando dice “Oh là la” que tontería pensar esto, empecemos a calibrar si no se trata de ircontra un cierto Lacan Jacques por parte de Jacques Lacan. Puede ir contra otros, eso leocurre y más a menudo que contra él. Hay un elemento de frescura, además no desarrollado,en el nivel de la argumentación, que contribuyó a borrar las aristas y precisamente el punto dedetención que se indicaba así de forma tan sencilla.Por lo que respecta a las referencias de Lacan al sentido indicaría la de un texto antiguo sobre“La agresividad en psicoanálisis”, p. 95 y 96 de los Escritos I. Verán que es a partir del sentidoque Lacan define allí al sujeto: “Sólo un sujeto puede comprender un sentido, inversamentetodo fenómeno de sentido implica un sujeto”. En segundo lugar, es también a partir del sentidoque sitúa el síntoma psicoanalítico. Finalmente, es el sentido el que nombra, según el informede Roma, p. 247, la operación propia de la palabra, la que “confiere a las funciones delindividuo un sentido”. Promueve la función de la palabra como esencial en el psicoanálisisprecisamente en tanto que puede aportar sentido.
Rechazo del sentidoCiertamente, cuando en 1973 rechaza el sentido como la vertiente del psicoanálisis, ya habíahecho mucho para resituarlo durante veinte años de su enseñanza. Resituó el sentido comoefecto del significante, desplazó la definición de sujeto hacia el significante, separó elsignificante del sentido, invitó a aislar los significantes atrapados sin ningún sentido en elsíntoma. Fíjense en la página 821 de los Escritos II donde figura entre paréntesis este “sinningún sentido” que cualifica a los significantes atrapados en el síntoma.Se puede seguir este movimiento en la trayectoria de Lacan: tras promover el sentido, loresitúa, lo relativiza, lo aminora. Pero de hecho en el sarcasmo contra el sentido que apareceen el párrafo de “Televisión” se trata de otra cosa, pone otro acento.Señalaré la palabra que figura al final del escrito de Lacan que precede a “Televisión” y que sellama “El Atolondradicho”: “semantofilia”. Lo escribe un año antes para burlarse del amor por elsentido. Evoca el torbellino de semantofilia que le debía alguna cosa y le tenía por causa, puesél había, como se sabe, promovido el sentido como esencial en la operación analítica. Se refierea la universidad de los años setenta. Es el mismo acento que en “Televisión” Lacan desplazapara imputárselo a la psicoterapia, para convertirlo en su respuesta, en el rasgo distintivo de lapsicoterapia frente al psicoanálisis.Es la primera emergencia de algo que, aunque sin duda preparado, representa un hito. Puedoimputar a Lacan, al contrario, una semantofobia, el rechazo del sentido. Pasó, o parece haberpasado, de la semantofilia a la semantofobia.Se constata claramente que abandonó este valor levitatorio que atribuía al sentido en beneficiodel significante y especialmente del matema, en tanto que vector de la enseñanza delpsicoanálisis, de una transmisión integral fuera de todo sentido que es precisamente lo quedesarrolló en su escrito “El Atolondradicho”. Lo que no se ha percibido, sin embargo, es que apartir de eso, de ese nada de nada, podemos ahora captar que Lacan se refirió al sentido, queno dijo otras cosas más interesantes que podía haber dicho, que lanzó esa pequeña piedra. Loque yo he dicho es que sobre esa piedra se puede construir no una iglesia, sino una salida.Podemos entender ahora, cuando nos hallamos en un momento en que el psicoanálisis esdevorado por su semblante, que la cuestión decisiva en juego es el fuera de sentido. No setrata de un medio, en definitiva subalterno, de fijar las ideas, al estilo del matema. Se usa elfuera de sentido para eso, pues el matema permite su transmisión. De lo que se trata en elfuera de sentido no es sólo de darle un vehículo de transmisión al saber que se puede elaborara partir del psicoanálisis. Lo que podemos ver, a partir del momento de dificultad en que nosencontramos, es que para Lacan se trata en primer lugar de una cuestión práctica. Es elproblema mismo de la práctica del psicoanálisis en tanto que diferenciada de la psicoterapia.Afirmo incluso que es a partir de este punto precisamente que Lacan hizo su apuesta por elnudo borromeo, que fue, como se ha dicho, cautivado por ese nudo y que se consagró a lo quese ha convenido en llamar entre nosotros su última enseñanza. Esta consiste en unaelaboración del psicoanálisis en su diferencia con la psicoterapia y en tanto que psicoanálisisfuera de sentido.
3. Un psicoanálisis sin punto de capitónEl psicoanálisis fuera de sentidoSe puede considerar que esta última enseñanza de Lacan no es conclusiva, que ha quedado enestado de exploración, que no se aguanta, que está hecha de retazos, que es contradictoria.Está claro que le falta un punto de capitón que pueda usarse. Pero miremos las cosasoblicuamente, un poco de otra manera. Lo que se ha explorado precisamente, en la dimensióndel fuera de sentido, tomando al nudo como base, no es susceptible de encontrar un punto decapitón.Los redondeles llamados de cuerda que componen ese nudo se dan tirones, se atascan enformas diversas, se limitan los unos a los otros, pero se conceden grados de libertad los unosrespecto de los otros. Se presentan bajo formas cambiantes aunque se pueden distinguir,identificados los unos en relación con los otros, por el color, por la orientación. El nudo queforman, sin embargo, no se presta a ese cruzamiento de vectores del que procede lailuminación del punto de capitón.Esa enseñanza da testimonio precisamente de un psicoanálisis sin punto de capitón, incluyendoa su forma. El punto de capitón es un fenómeno de sentido y es a eso a lo que convienerenunciar cuando el fuera de sentido domina el asunto. Quiero remarcar que la noción mismade punto es cuestionada por Lacan a partir de su nudo y desde el capítulo X de El Seminario:Aun, “Redondeles de cuerdas” en que anuncia su interés por el nudo borromeo, p. 159. Podránver que, muy precisamente y desde el inicio, Lacan cuestiona que la noción de punto puedasostenerse.Es sostenible en efecto cuando estamos entre líneas y superficies, pero cuando se trata decuerdas encadenadas la noción de punto nos falta. El punto de capitón es un punto final, unpunto de retorno a partir del cual una trayectoria de una experiencia se ordena, se resignifica yresubjetiviza. Esto es justamente lo que el psicoanálisis fuera de sentido pone en cuestión. Poneen cuestión la noción misma de finitud.Lo vemos claramente cuando seguimos esta última enseñanza, pues se presenta de una formaexplosiva, inacabada y no rematada. Puede imputarse a lo anecdótico de la persona, pero setrata de un punto de vista “superior” en el sentido del uso que podemos hacer de ella: estaenseñanza se instala justamente en una dimensión que no comporta la finalización, unadimensión a la cual pertenece esencialmente lo infinito, incluso si tiene como base treselementos encadenados.
Las series sin finDicho de otra manera, justamente por el rechazo del sentido, en el sarcasmo con respecto a lapsicoterapia, en lo que Lacan elabora, lo que hay es un psicoanálisis en el que en el lugar delpunto de capitón se inscribe efectivamente la serie sin fin. A partir de aquí se ordenan,adquieren su sentido los dichos de Lacan, dispersos, discretos, rápidos, que cuestionan, quecrean suspense, que aminoran, que desvalorizan, en definitiva, que desmienten francamente lanoción de un fin del análisis.Lo señaló, por supuesto, lo indicó como de soslayo en sus conferencias publicadas en elnumero 6/7 de Scilicet de fines del 75. Reveló sorprendentemente el propósito de que unanálisis no tiene que ser llevado demasiado lejos: “Cuando el analizante piensa que se sientefeliz de vivir, es suficiente”.Se puede pensar que lo dijo para los americanos, pues el conjunto que forman como nación sefundamenta en la búsqueda de la felicidad. Pero en el seminario del 8 de abril de 1975 puedeleerse: “Todo el mundo sabe que el análisis tiene efectos beneficiosos, que no duran más queun tiempo. Eso no impide que sea un respiro y que es mejor que no hacer nada”.Podemos restarle importancia a esas propuestas, que Lacan no multiplicó, que hay que buscarcon calzador, y que se cuelan como testimonio de la libertad que Lacan se permitía en relacióna sus elaboraciones. Se puede desvalorizar todo esto y ver en ello modulaciones e ironías. Pormi parte yo las acentúo, mantengo que son propuestas fundamentales y que son coherentescon el conjunto, conjunto resplandeciente de lo que se exploraba entonces.Puedo añadir ese pequeño escrito de Lacan al que ya he aludido en el que dice: “Finalmente elpase, cuando uno lo pasa, es una historia que se cuenta”. Lo cual significa subrayar que el pasees construido, que se trata de un artificio, que tiene que ver con el arte, si se quiere, y que esodemuestra un saber hacer.El pase como punto de capitón, el pase-relámpago, del que Lacan ha podido hablar, que semantiene aún bajo el dominio del sentido, el pase-historia, el pase-narración, es evidentementerelativizado en el régimen del psicoanálisis fuera de sentido. Es una elucubración, término queuso aquí pero que resulta fundamental en este registro. Existen las buenas elucubraciones y lapromoción misma del término elucubración en la última enseñanza de Lacan traduce esarelación entre el fuera de sentido y los artificios del sentido.Esto no anula el pase, sino que considera la experiencia analítica bajo otro ángulo. ¡Después dehaberles aligerado de un peso, les pongo otro sobre sus espaldas!Hay que acostumbrarse a que las verdades son sólidos, como dice Lacan. Hay diferentes carassegún el punto en que uno se encuentra y según el ángulo de su perspectiva se percibe otracosa. Las verdades son sólidos... A nosotros nos toca ser tan sólidos como las verdades.
La instancia central del síntomaLa consecuencia inesperada ahora, si tomamos las cosas por este sesgo, es que por un lado elpsicoanálisis fuera de sentido ahonda la diferencia con la psicoterapia -la última enseñanza deLacan, tal como lo podemos percibir y utilizar en nuestra orientación actual, profundiza la fosaque separa de la psicoterapia- y, al mismo tiempo, borra, o al menos tiende a borrar, ladiferencia entre el psicoanálisis puro y el aplicado a la terapéutica.Es una implicación de lo que he dicho sobre el pase. El pase no es una excepción. Al contrario,el psicoanálisis fuera de sentido que Lacan desarrolla en su última enseñanza, esa tentativa decontemplar el psicoanálisis por un sesgo que rechaza el sentido (no se puede ir por ese caminodel fuera de sentido más que hasta un cierto punto y Lacan llegó visiblemente lejos. Ahícaptamos lo mejor de su práctica) acentúa el elemento terapéutico del psicoanálisis. Es lo queseñala claramente esa frase sobre la felicidad de vivir. La última enseñanza condujo a hacer delsíntoma su referencia clínica por excelencia, sino la única. Desde la perspectiva del psicoanálisisfuera de sentido, la diferencia entre psicoanálisis puro y aplicado a la terapéutica resultainesencial.Ahora que les muestro el camino para deshacerse del fardo, quizás les fallarán las fuerzas. Siqueremos, en nuestra coyuntura actual, reciclar esa última enseñanza de Lacan, hay que estardispuesto a una transmutación de todos los valores psicoanalíticos que Lacan nos transmitió yque nosotros hemos repetido. Dado que esta última enseñanza es un ejercicio al límite en losconfines del psicoanálisis, resulta en un cierto sentido el reverso o el fondo último de laenseñanza de Lacan.El valor que añadimos a la representación del psicoanálisis como una trayectoria con sus etapasy un fin muestra bien a las claras que, para nosotros, resulta valioso que la experienciapsicoanalítica se rija por una lógica del más allá. Es así, por otra parte, en el psicoanálisis: másallá del principio del placer, más allá del Otro hacia S(/A), más allá de la demanda y de laidentificación hacia el deseo. El acceso al goce supone una transgresión, un paso protegido másallá. El acceso al goce es protegido y barrado por el principio del placer y de vuelta el analizantetiene que ir más allá del síntoma hacia el fantasma, donde yace lo que le sitúa en su deseo.Puede verse con claridad como la transgresión del goce y el atravesamiento del fantasma secorresponden y son homólogos. La misma conceptualización sostiene la noción de que hay quefranquear una barrera para tener acceso al goce y que, en el análisis, hay que ir más allá delsíntoma para tocar y atravesar el fantasma. Son términos que se corresponden entre ellos y conla noción de un llegar hasta el final.Hay en efecto una transmutación, la que se basa en el rechazo al sentido. No es para hacerseel travieso que Lacan aporta el sinthoma, sino para colocar en el centro de la clínica unainstancia en que ya no se hace la diferencia entre síntoma y fantasma.
El nudo borromeo, una relación¿Cuando ya no se establece la diferencia, cómo se hace para ir más allá del uno hacia el otro?El camino del más allá está cortado. El nudo borromeo es una máquina de cortar el más allá.¿Cómo pueden operar una transgresión de la barrera hacia el goce a partir del momento en queLacan elabora un goce que está en todas partes, en que renuncia a distinguir entre placer ygoce y en que formula “Allí donde eso habla, goza”? Vuelve sobre esa distinción tan fecundaque figura en el grafo . “Allí donde eso habla, goza” restablece su “eso habla” del que habíarenegado y lo une al goce. ¿Dónde está la transgresión entonces?Efectivamente eso va aparejado a la desvalorización de la palabra. No se trata de un cuarto devuelta, sino de un giro de 180 grados. Lacan, que había echado incienso a la palabra, en suúltima enseñanza la cualifica de parloteo, de blablabla e incluso de parásito del ser humano. Elsentido no lo incluye más que en fórmulas que lo caracterizan por su imbecilidad. Es un golpepara la palabra.Después viene el golpe sobre el lenguaje. ¡Lacan, que lo había situado al nivel de la estructura,de la estructura esencial, y que incluso en “El Atolondradicho” –¡qué atolondradicho!- en 1972,puso esa estructura en el nivel de lo real! “La estructura es lo real”, dijo entonces. Pero cuandointrodujo lalengua no hizo más que elucubraciones, tanto del lenguaje, de la gramática como dela estructura.Rebajó de nivel a su concepto de lenguaje y al de estructura que ya no situó en absoluto en elde lo real. Correlativo a ello es el reemplazo sistemático, en tanto que objetivo de laexperiencia, del término sujeto por el de hablanteser.Lacan, que fue el promotor de la integración del psicoanálisis en la ciencia, y, en su defecto, desu relación esencial, en su última enseñanza no se abstiene de cualificar a la ciencia defutilidad.Es también el tiempo en que Lacan procede a los grandes exorcismos en el psicoanálisis.Exorcisa el conocimiento y aún el mundo. ¡Maldito sea ese concepto! Lo exorcisa todo. Exorcisatambién, y es aquí donde usa el término exorcismo explícitamente, el ser, en la p. 57 de Aun,precisamente por sus afinidades con el sentido. Todo esto en beneficio de lo real, antinómicodel sentido, de la ley, de la estructura, y que no puede ser negativizado. Lo real es el nombrepositivo de lo fuera de sentido, aunque denominar resulte aquí problemático.¿Es una elucubración mía esta forma de constitución de la perspectiva del psicoanálisis fuera desentido? Se presenta esencialmente así en Lacan a partir de destellos, o como él mismo dice,de tentativas. No nos lo dejó elaborado.Observen las ventajas que ya nos ha representado poder extraer algunas consideraciones quehan ampliado nuestra visión de la clínica, como se ha podido observar en una famosa reuniónde Arcachon.3Creo que vale la pena elucubrar sobre estos cabos sueltos de Lacan. Aunque se trata de algoinconcluso, está dotado de una consistencia de la que hay cosas que tomar. Es correlativo de loque ha constituido el problema que quería tratar y que les anuncié a principio de curso,comprender, captar mejor la no relación sexual.Ciertamente, el nudo borromeo entre tres viene a ocupar en Lacan el lugar de la relación sexualentre dos que no existe. Ese nudo también nos hace al mismo tiempo captar aquello de lo quese trata con el término relación.¿Qué es el nudo borromeo? Materialmente son tres redondeles de cuerda. Desde el punto devista de la materia, de lo que se puede tocar, es un redondel, otro y otro. Lo que constituye elnudo no está en ninguno de ellos. El nudo precisamente es lo que nos da la clave de lo que esuna relación. Es el nudo mismo, el anudamiento, en tanto que distinto de sus elementos, lo queconstituye la relación.
II. LA CONJUNCIÓN DE PSICOANÁLISIS PURO Y APLICADO
1. La perspectiva del sínthoma
Ejercicio La BruyereDediquémonos ahora a definir tan distintamente como sea posible el psicoanálisis puro y elpsicoanálisis aplicado el uno a partir del otro y viceversa. Eso es lo que ya he llamado ejercicioLa Bruyere, autor que me gusta frecuentar desde los tiempos del instituto: “Corneille pinta a loshombres tal como debieran ser, Racine los pinta tal como son”.Resultaría tentador, siguiendo esta vía, afirmar que el psicoanálisis puro es el psicoanálisis talcomo debería ser y el aplicado tal como es. Eso indica una dirección, una orientación, quizásuna tentación a la que se podría ceder. ¿Estaría bien planteado? Significaría, por lo que alpsicoanálisis representa, ir en la dirección de un plegarse al ideal respecto a lo que son loshechos.No descarto volver a esta dirección en lo que tiene de saludable. Para animar un poco, parahacer brillar lo que esta dirección pudiera tener de contrajúbilo, podría decirse así: preferirsiempre lo real a lo imaginario. ¿Por qué no? Es a eso a lo que nos incitaría lo simbólico. Habríatambién que asegurarse que lo simbólico mismo no es más imaginario que real.El corneliano encuentra una salida, es su rasgo característico, y con todos los honores deguerra, incluso si acaba hecho un pingo. El raciniano, el sujeto raciniano, si podemos usar estaexpresión, no la encuentra, se queda donde está.El corneliano tiene su debate, el famoso debate que le oprime, pero que está estructurado yrepresenta una alternativa. Mientras que el raciniano se enfrenta más bien a un dilema. Nopuede arreglárselas con lo peor porque lo peor tiene dos caras. Se halla estancado. Lo únicoque puede hacer en general es barrarse, mientras que el corneliano encuentra su salida másbien por la identificación.Cuando se trata de psicoanálisis, ¿hay que poner el acento en lo trágico? Señalemos que Lacanlo pone más bien en lo cómico. Más exactamente, de la salida dice que es del orden delingenio, del Witz, que no es lo cómico pero que implica la risa. En la vertiente en la que no sehalla salida y en la que se espera el acento trágico, él encuentra lo cómico. Tal como pudo decircon un enunciado muy simple que hay que situar bien, como intento hacer cuidadosamente:“La vida no es trágica, es cómica”. Le pareció pues completamente inapropiado que Freud fueraa buscar una tragedia para extraer de ella el complejo de Edipo.He introducido todo esto a mi manera, pero de lo que se trata es de ser precisos. Eso quieredecir que cuando se halla la salida, o si se la encuentra, o en la medida en que se encuentra, esgracias a que se juega con los significantes, por los juegos de los significantes, sobre los que sebasa el efecto de Witz. También existe, por el lado por el que nadie encuentra salida, al menosun significante con el que no se puede juguetear, al menos no se puede jugar con lo quenombra, si a eso lo llamamos goce. Hay ahí, como Lacan lo indicó de entrada, algo que no senegativiza, que no se presta a que se pueda practicar el juego de la anulación. Si designamos aese significante como....vemos en seguida en que sentido resulta cómico no poder encontrarsalida.
Definir el puro y el aplicadoVolvamos a la definición de psicoanálisis puro y aplicado. Definir, si se busca la salvación poresa vía, consiste en delimitar lo propio.Para que uno se quede tranquilo se precisa ciertamente que haya una superficie, y una serie dechirimbolos que nos den la seguridad de que lo que uno es no lo es el otro. Lo problemáticojustamente es saber si en el psicoanálisis se puede pensar a partir de líneas y superficies, esdecir, de definiciones. La definición misma está cargada de presupuestos, ponerla al día suponetorsiones y contorsiones como pudo verse, dolorosa e incluso cómicamente, cuando Lacan sehallaba en el punto álgido de su esfuerzo. El problema es que se pueda definir sin dificultad.Hace falta la fe del carbonero. Vayamos a ello, porque sino nos quedaremos sin saber quehacer.El psicoanálisis puro, intentémoslo así, es el psicoanálisis en tanto que lleva al pase del sujeto.Es el psicoanálisis que se concluye con el pase. En este caso el sujeto encuentra salida y porotra parte lo hace, lo intenta, con honores de guerra. En todo caso, se ha podido inventar quese pidieran los honores, es decir, algo consagrado por un título. Si no se trata de algo del ordendel honor, entonces las palabras no tienen más que su significado habitual. Lo que es muyposible en todo caso. Permite al sujeto pertenecer a una clase distinguida que incluso si se hapodido establecer como no permanente, no por eso deja de distinguirle más allá de la fecha decaducidad del título.El psicoanálisis aplicado es el que concierne al síntoma, es el psicoanálisis en tanto que aplicadoal síntoma. ¿Hay salida ahí? ¿Existe a ese nivel, si se trata de un nivel, salida? Hay algo que sellama la curación y que podría ser en efecto el nombre de la salida en esta vertiente. Comosaben, se trata de un término que es muy problemático y relativo en psicoanálisis.Pero la salida llamada pase no resulta menos problemática. A los que han encontrado estasalida, se les incita con vivacidad a que expliquen como piensan que lo han hecho paraconseguirlo. Y se constata que en el marco de un análisis cada uno lo hace o cree hacerlo comopuede, a su manera. La salida por el pase no es menos problemática que la de la curación,incluso si la primera es susceptible de una definición radical en psicoanálisis. Fue Lacan quiendio esta definición radical, dio varias de hecho, mientras que la curación no se beneficia de unadefinición radical.¿Significa algo glorioso tener una definición radical? ¿Es cómodo? ¿Es sólido? Podría decirse quepara el pase beneficiarse de una definición radical es más bien su debilidad.Cuanto menos -pido que se acepten los términos que estoy usando- el pase es la noción de unacuración que tendría el carácter de radical, de definitiva. Dicho así resulta claramente unanoción ingenua que se pediría que se sofisticase. No creo, sin embargo, que, al menos a formade tanteo, no se pueda situar al pase como una radicalización de la curación.La división entre los dos psicoanálisis, el puro y el aplicado, se basa en la diferencia entre elsíntoma y el fantasma, en la noción de un más allá del síntoma donde se encuentra elfantasma.La curación del síntoma, su corrección, su aligeramiento, su mejoría, deja aún un espacio parauna operación sobre el término ulterior. Dada la forma como se define el fantasma, a estaoperación no se la llama curación. Se la denomina corrientemente atravesamiento cuando setrata del fantasma. Es un término que Lacan usó una vez, sólo una, y que se ha hecho correr.Pero todo esto implica también la noción de reducción, que es válida para un caso y para elotro.En la medida en que esta oposición mantiene que el síntoma es lo que no funciona, lo que hacedaño, y el fantasma aquello en lo que se está bien, o al menos aquello de lo que se puedeobtener goce, ha fundamentado la distinción entre psicoanálisis puro y terapéutico. Yo hecontribuido ampliamente al mantenimiento de esa distinción. En la segunda serie de los cursosque di bajo el título general de La orientación lacaniana me embarqué, y ustedes conmigo, enesta diferencia entre síntoma y fantasma y aporté la noción de que quizás no todo se acababacon el fantasma y que había que diseñar una nueva vuelta sobre el síntoma.4¿Bajo qué forma se mantiene esa distinción entre psicoanálisis puro y aplicado? Bajo la formade que el psicoanálisis terapéutico sería una forma restringida del psicoanálisis puro. Pero estano es la clave del tema, aunque uno pueda libremente pararse ahí para ilustrarlo. Hace yamuchos años que detuve el cursor en lo referente a este asunto, a la oposición entre síntoma yfantasma y, por lo tanto, a la diferencia entre las salidas respectivas.5 Tenía sus virtudes decara a la estructuración, y se han podido observar sus resultados, a pesar de todo, así comohasta qué punto era susceptible de ser ilustrada de la mejor manera. No puede decirse, sinembargo, que es la clave de la cuestión.El último Lacan, por otra parte, aconseja no detenerse nunca en la clave de la cuestión, en laúltima palabra. Pararse es la paranoia y el nudo se ha hecho justamente para desembarazarnosde la paranoia en este asunto.
Un campo de desorientaciónNo es la clave, no es la última palabra porque existe otra perspectiva, otro ángulo, bajo el cualla diferencia entre síntoma y fantasma se desvanece. Es el ángulo de lo que Lacan introdujobajo el nombre de sínthoma, utilizando una antigua grafía de la palabra -ya expliqué así algunacosa en aquella época- para incluir dentro del mismo paréntesis síntoma más fantasma.6
Sínthoma = Síntoma + Fantasma
Es una aproximación a esa ecuación, pero ya había señalado que la oposición clínica entresíntoma y fantasma, por bien fundamentada que esté, no impide que se pueda tomar otraperspectiva. Bajo este ángulo la diferencia entre los dos psicoanálisis resulta no esencial.Salvo error de mi parte, la diferencia entre los dos psicoanálisis se halla ausente en la últimaenseñanza de Lacan. Si alguien me aportara la referencia que me falta al respecto, esténtranquilos, sabría como salirme del atolladero. Lo que diría precisamente es que resultainesencial.No se trata de una cuestión de hecho, sino de captar la orientación de lo que Lacan aportó infine como desorientación. Afectó a la brújula que él mismo había construido para orientarse enel curso de los años y abrió in fine un campo de desorientación. Es muy complicado seguirleporque hay que desaprender. Como ya ha pasado tiempo desde entonces, se ha puesto en piela construcción de Lacan en su parte arquitectónica, si puede decirse así.A esta desorientación de Lacan hay que darle un empujón si queremos ponernos a su nivel, hayque entrar en su movimiento para no dejarse detener por la indignación que puede provocarnosel hecho de que Lacan sea el último de los últimos. Hay algo que deja entender, que dice entrelíneas, al margen, no muy fuerte: el pase no existe. ¿Pueden oírlo? Lo diré quizás con másprecisión y eso les proporcionará un poco de alivio: el pase no existe. Habrá que ver el valormismo que se ha dado a ese artificio de escritura que es el guioncillo que separa ex desistencia. Deja entender, tan claramente como puede, que el pase no existe o que, si existe,tiene más bien la condición de fantasma.¡Cuidado con la significación imaginaria de esta palabra! que no es en absoluto la significaciónque he escrito. Es preciso también modificar la significación del término imaginario. Ya ven lacadena de desorientación por la que hay que avanzar.De todas maneras, antes de exclamarse por el hecho de que el último Lacan no resulte baladí,antes de clamar contra el atentado que comete con el pase, hay que darse cuenta de que en laperspectiva del último Lacan, del último juicio, del juicio final, cito a Lacan: ”La ciencia mismano es más que un fantasma”. Se trataría de avalar con mayor facilidad que el pase podría noser más que un fantasma acompañándolo con la ciencia.
La ciencia no es más que un fantasmaResulta exorbitante haber tenido que escuchar, leer y volver a decir que “La ciencia no es másque un fantasma”. ¡Y en boca de Lacan! Desborda a todo sentido común. Desborda al hecho deque sostuvo su enseñanza, como hizo Freud a su manera, por recurso a otras ciencias, a unadialéctica más sofisticada entre el psicoanálisis y las ciencias. No era de él de quien se hubieraesperado una proposición como “La ciencia misma no es más que un fantasma”. ¿Desde dóndepuede proferirse esta enormidad que desanuda el lazo entre el psicoanálisis y la ciencia? A unmismo tiempo el pase también se va a la deriva.Hay que volver sobre esto tranquilamente, intentar ponerlo en su lugar, tomarlo en su cadenaincluso si el nudo no forma parte de ella, si se ha construido de otra manera. Para quepodamos avanzar es preciso encadenar. Si en lugar de exclamarse se escoge instalarse en losenunciados de Lacan que he recordado, que él no prodigó, que son escasos, pero en los quehay que poner el acento, la puntuación, para captar de que se trata en su esfuerzo, entoncesconseguiremos percibir unos elementos, una idea de conjunto, una perspectiva cuyo punto departida pueda encontrarse en lo más asegurado, lo más clásico, lo más instructivo y lo másenseñado de su doctrina.El psicoanálisis puro corresponde a la noción de un psicoanálisis en tanto que práctica que tienesu punto de partida en la transferencia, que Lacan presentó como un algoritmo, algoritmo desaber, y que si se lleva hasta sus últimas consecuencias se encuentra con un punto dedetención. Es la finitud de la experiencia mantenida por Lacan, a diferencia de Freud, que sededuce, concluye, a partir de un algoritmo del saber que funciona, pues, automáticamente. Esadetención es una iluminación, un estallido, una visión general, insight, una verdad. Cada uno delos que piensan haberla experimentado, haber pasado por esta experiencia, tiene su forma dereconocerla. Puede ocurrir con un sueño, o con el rechazo de un sueño, con una interpretacióndel analista, con un encuentro, con un pensamiento. En esta detención lo que siempre seproduce es un resultado de saber.El último Lacan pone en cuestión -no importa- la validez de este resultado de saber a condiciónde precisar: respecto de lo real. Hay que tomar también ese real como categoría lacaniana,categoría in fine. Lo que se pide que se desaprenda un poco es lo que se ha creído real,justamente por haber sido enseñado por Lacan. ¿Qué valor tiene este resultado de saber enrelación a lo real si lo entendemos como se debe?No decimos más que lo que nos da acceso al eslabón siguiente. Este resultado de saber novaldría ya respecto a lo real más que si hubiera saber en lo real. Por supuesto, si hay saber enlo real, entonces el resultado de saber vale respecto a lo real. Es el fundamento de la prácticaanalítica. Si la ciencia no es más que un fantasma, el resultado de saber que es el pase no lo esmenos. Si la ciencia no es más que un fantasma, es decir, no tiene validez respecto a lo real,entonces, y pido excusas, el pase sigue el mismo camino.
...y la idea de un despertar impensableEs por eso por lo que Lacan puede decir en su Seminario Le moment de conclure,7 de un tirón,en una misma frase, que la ciencia no es más que un fantasma y que la idea de un despertar espropiamente hablando impensable. Despertar es un término iniciático para cualificar lailuminación del pase. Es también plantear que el pensamiento no es propio de lo real, lo queimplica rebajar el nivel del pensamiento.Es lo más sorprendente, al menos en esta visión de conjunto. En toda su última enseñanzaLacan sitúa al pensamiento en el registro imaginario. Es inaudito. Un poco antes, está escrito en“Televisión”, explica de forma totalmente contraria que el pensamiento pertenece a losimbólico, que perturba lo imaginario del cuerpo. La última enseñanza de Lacan empiezacuando el pensamiento pierde su categoría simbólica para pasar a lo imaginario.Así, el psicoanálisis puro, con su objetivo del pase, se basa en la confianza en el saber en loreal, pero sólo a título de suposición.Lacan ya lo presentó así cuando introdujo el pase en su texto inaugural sobre el psicoanalistade la Escuela. Menciona al saber pero sólo en tanto que saber supuesto, lo que le da suestatuto inconsciente. Esta suposición es relativa al discurso analítico, es inducida por el actoanalítico y se trata de un hecho de transferencia, de amor. Esta suposición de saber no es real.Lacan lo señala con todas las palabras, el sujeto supuesto saber no es real. No es puesequivalente al saber en lo real.Lacan insistió siempre en que el motor del psicoanálisis es la suposición transferencial de saber.Pero eso no asegura de ninguna de las maneras que haya efectivamente saber en lo real. Deahí que se le haya dado al inconsciente un estatuto fundamentalmente de hipótesis, deextrapolación. Sobre esto construye Lacan su Moment de conclure del que destaco esta frase:“La hipótesis de que el inconsciente sea una extrapolación no es ningún absurdo”.
2. Un real en funcionesConstrucción de saberA partir de aquí se puede hacer hincapié de forma conveniente sobre todo lo que en el análisises construcción de saber.En primer lugar, en relación a la interpretación, los fragmentos –es así como Freud lo presenta-, los destellos de verdad, son elevados a saber, se hace una construcción por parte del analista.Freud piensa que esta construcción debe comunicarse al paciente cuando convenga. En eso sedistingue de Lacan, en el acto. Por parte del analizante el término construcción también seimpone. Se habla de construcción del fantasma fundamental. Ello indica que el fantasmafundamental es una construcción. No se trata de saber en lo real.Si el fantasma fundamental es una construcción, como Lacan siempre dijo desde que introdujoel término, ¿qué tiene de sorprendente que el pase, en tanto que atravesamiento del fantasmafundamental, sea también una construcción? Es una construcción de saber a partir de efectosde verdad, una construcción ordenada por un efecto escogido como mayor o que se imponecomo el nec plus ultra. Su carácter de construcción resulta totalmente patente cuando se pasadel pase como momento del análisis al pase como exposición en el procedimiento. Por supuestoque es una construcción, una construcción en la que se escogen y se realzan los elementos.La fe que se tiene en el análisis, cuando se tiene, consiste en que en las construcciones lo reales puesto en juego, en que se alcanza lo real a partir de la suposición de saber, en que algo delo real se manifiesta a partir del saber. Es lo que Lacan indicó, en la época en que lanzó el pase,de forma muy discreta: la significación de saber, el saber supuesto, ocupa el lugar del referenteaun latente. Antaño yo había enseñado a leer esta frase indicando que este referente es elobjeto a en tanto que real, que es delimitado por la serie significante que se sigue durante elanálisis.Si esto es tomado con la fe del carbonero, permite creer que se pasa, casi insensiblemente, delsujeto supuesto saber, que no es real, a un término que pertenece al registro de lo real. Uno seimagina que, en un determinado momento, ocurre que el saber supuesto es metaforizado porlo real, que el referente, lo real aún latente, acude en un determinado momento, sube a escenay dice...¿Qué es lo que dice? Se pondría a decir: “Yo, lo real, hablo” ¿Por qué no?
realSaber
Si uno cree que esa metáfora va a producirse, que es lo que Lacan dice o que se contenta coneso, hay que ponerse de rodillas. Se habla de milagro cuando la relación de causalidad se nosescapa.Para cambiar un poco la visión de este asunto, lo real llamado a no es todo lo real, en lamedida en que se pueda hablar de todo lo real, y no se puede, sino que es lo real capturado enel fantasma. El objeto a es un real al que se da forma, que se pone en funciones. Es un realresultado de una construcción, la del fantasma fundamental, es decir, de la reducción de lasrepresentaciones fantasmáticas y las historias que uno se cuenta para acabar destacando comosu fórmula. Si hay real, es un real que resulta de una construcción
El pase y lo realAl introducirlo así, como lo real resultante de una construcción, es un término cuyo estatuto dereal está en cuestión. Cuando se lee a Lacan demasiado deprisa, aunque él haga todo lo posiblepara que relenticemos la lectura, resulta chocante darse cuenta de que en el capítulo VIII delSeminario Aun desplaza al objeto a del registro de lo real. Ha llegado el momento de quecomente ese capítulo en el que realmente anuncia el nudo borromeo. Lo anuncia bajo la formade un triángulo en cuyos vértices están escritas las letras mayúsculas de lo simbólico, loimaginario y lo real que Lacan aparejará en su nudo borromeo.
IS RaSemblante
Es verdaderamente aquí donde puede verse que se prepara ese franqueamiento que el últimoLacan va a orquestar. El triángulo está orientado por unos vectores y es en el vector que va delo simbólico a lo real donde se inscribe a, y precisamente a título de semblante.He puesto énfasis sobre ello anteriormente, y debo decir que sin éxito, porque todo el mundotendía absolutamente a que a fuese real. Todo el mundo mantenía la metáfora milagrosa delsaber en lo real. Lacan, sin embargo, indica que a está más del lado del ser que de lo real.Incluso lo cualifica de semblante de ser y apunta que ese mismo a, ese referente aún latenteque puede ocupar el lugar del saber supuesto, no puede sostenerse en el abordaje de lo real.Lo que cambia con esto es la noción, el sentido que puede darse al término de lo real. Esevidente que de lo que se trata es de convertirlo en un real al margen de toda construcción.Eso hace de a un efecto de sentido que compete a lo simbólico, en vistas a lo real, pero que noafecta más que al ser.Si se sigue con atención lo que condujo a Lacan a construir la noción de pase, ¿qué puederesponderse a la pregunta sobre lo que la operación del saber supuesto cambia en lo real?¿Qué es lo que Lacan explica que el pase cambia en lo real? Lo que dice, seamos precisos, esque el pase cambia alguna cosa en lo referente a la relación del sujeto con lo real, alguna cosaen su fantasma como ventana sobre lo real.Admitamos que el atravesamiento del fantasma permite una salida fuera del fantasma, en sudefinición inicial, aunque sea momentánea, incluso si es una apreciación. Pero no es seguro, sinembargo, que eso cambie forzosamente la pulsión. Es la razón por la que Lacan, en suSeminario XI, cuando ya ha empezado a elaborar el análisis con fin, se plantee aún: ¿Quésignifica que todo esto cambia finalmente la pulsión? Hay que entenderlo como un: en efecto,hay un resultado en el nivel del saber, pero decidme además qué es lo que eso cambia en loreal.
El nombramiento es una suposiciónComo apunta Lacan en su Moment de conclure –lo gloso aquí pero todo esto está en tres frasesiluminadoras- Freud recurrió al concepto de pulsión porque la hipótesis del inconsciente, delsaber supuesto, no se sostiene en el abordaje de lo real. Con la pulsión Freud quisoefectivamente nombrar algo de lo real. Pero para el último Lacan, justamente, el nombramientoresulta muy problemático al mezclarse el orden de lo real con el significante.¿Por qué en un determinado momento se puso Lacan a comentar el nombramiento en su últimaenseñanza de forma que la argumentación no aparece siempre desarrollada? ¿Por qué elproblema del nombramiento? Porque es una suposición, la suposición del acuerdo entre losimbólico y lo real. Suposición de que lo simbólico concuerda con lo real y viceversa.El nombramiento es la pastoral entre lo simbólico y lo real. Es el equivalente a la tesis del saberen lo real, o, al menos, es el primer paso, el que cuesta dar, en la dirección del saber en lo real.El nombre propio es un punto de capitón, no entre significante y significado, sino entre losimbólico y lo real, a partir del cual uno se encuentra con las cosas, es decir, con el mundo entanto que representación imaginaria.Si no se supone ese acuerdo milagroso entre lo simbólico y lo real, hace falta un acto. Este actono puede referirse más que al punto de capiton mayor que es el Nombre del Padre. Es por esoque Lacan hizo de él el padre del nombre, el padre denominante, el que asume el acto delnombramiento y por ende traba lo simbólico y lo real.Esta perspectiva del último Lacan toma al psicoanálisis del revés. Sacude su fundamento, suaxioma, su suposición. Cuestiona el vínculo entre lo simbólico y lo real, es decir, invita a pensara partir de su disyunción, de una relación de exterioridad entre los dos, digamos pues, a partirde su no relación. Es así como se introdujo en esta cuestión, ya que empezó por poner a loimaginario en posición tercera, de mediación, entre los dos que forman la disyunciónfundamental, simbólico y real.
3.Un real fuera de sentido
Conjunción y disyunción en el nudoCuando uno se dedica a tomar el psicoanálisis por el reverso de su axioma, de su suposición, deaquello en que se sustenta, es decir a partir del momento en que se separa a lo simbólico y a loreal, se dice: “No es en absoluto porque haya encontrado cosas en su análisis, verdades, saber,las que quiera, por arriba y por abajo –dije lo contrario y el resto y en un determinadomomento me detuve porque era realmente tan fantástico que no podía hacerlo mejor- quenecesariamente haya cambiado algo en lo real”. Hay una diferencia, puede haberse producidoun cambio en el semblante del ser, pero no es forzoso que eso vaya más lejos. Por otra partehay en lo real muchas más cosas que las que pueden ser cambiadas por las experiencias desaber, sino se sabría.Se progresa en la experimentación sobre esto. Ahora ya no se producen clones, sino una nuevaespecie de cisnes jamás vista. Creo que se puede profetizar con toda tranquilidad que así comohay un nuevo cisne, un nuevo hombre nos espera ciertamente en algún lugar en el sigloveintiuno.¿Cuál será el comité de ética capaz de impedir que se resista al apetito deperfeccionar una especie que sufre de tantos males que ha tenido que recurrir al psicoanálisis?Si piensan a partir de la exterioridad de lo simbólico y lo real y si se dan cuenta de que existeninterferencias, pero que quieren mantenerlos a pesar de eso separados –sin estar loco,sabiendo que si uno trafica con algo en lo simbólico eso puede tener sus efectos en lo real- silos mantienen separados conceptualmente, el nudo se hace necesario. Al nudo borromeo nopueden cortarlo. Es bajo la forma de nudo, bajo la especie de nudo, more nudo, como los dos,simbólico y real, pueden permanecer disjuntos siendo inseparables. El nudo borromeo permiteque los dos elementos permanezcan disjuntos –uno puede decir que no conoce al otro- salvoque al mismo tiempo son inseparables, es decir que están juntos de manera que no puedensepararse. La forma borromea del nudo supera la antinomia de la conjunción y la disyunción.Eso exige la introducción de un tercero, disjunto él también de los otros dos.Puede observarse claramente aquí que es lo propio del nudo en contraste con la cadena. Nudoy cadena son dos formas de articulación, ciertamente, pero en el nudo los elementospermanecen disjuntos. Están ahí cada uno por sí mismo en una no relación radical con respectoa los otros y, sin embargo, se hallan atrapados en una relación.
Un real excluido del sentidoHay que ocuparse de lo real del que se trata, no de lo real que se encuentra en el esquema Rde Lacan en “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”. Esteesquema, sin embargo, es el que nos puede dar alguna cosa sobre lo real. Lacan lo bautizó conla letra inicial de la palabra, esquema R. Encontramos ahí un real que está enmarcado por losimbólico y lo imaginario. Se trata de campos. Es cuestión de recubrimiento, por ejemplo Lacanpuede decir: “La relación imaginaria especular a-a’ le da su base al triángulo imaginario, que larelación simbólica madre-niño viene a recubrir”.Esto forma parte del abecé de la construcción de Lacan. Se parte de lo imaginario y se muestraque hay términos que se simbolizan, o que permiten el recubrimiento por términos simbólicos.Existen también intrusiones de un campo en el otro. El término intrusión aparece varias vecesen la propia clínica del caso Schreber y expresa que los campos de lo real, lo simbólico y loimaginario se comunican.Que hablemos de simbolización, en un sentido general, implica que este desplazamiento, estacirculación, es la transferencia de un elemento, perteneciente a un campo, al otro. Para eso nossirve normalmente lo real, lo simbólico y lo imaginario. Hay una multitud ahí. Indefinidamentelos elementos reales se desplazan a lo simbólico, hay también elementos imaginarios y cuandoalgo no está inscrito en lo simbólico va a parar a lo real. Es un barullo.No es de este real del que se trata. ¿En qué se convierte lo real en el nudo? Se representa nocomo un campo, sino como un pobre redondel de cuerda en cuanto tal, disjunto de lo simbólicoy de lo imaginario. Es lo real en tanto que fuera de lo simbólico y de lo imaginario. Eso almenos es simple. Es lo que resume la expresión fuera de sentido, pues, para que pueda habersentido es preciso que colaboren lo simbólico y lo imaginario y eso es precisamente lo que seexcluye en lo que a lo real se refiere. ¿Qué puede captarse de ese real? ¿Existe un concepto?Son preguntas que puede uno plantearse. Lacan, al menos, dice que sí, que existe un conceptode este real. Dice que es el suyo y si enfatiza tanto que es el suyo es porque realmente no estan fácil transmitirlo.Hay que darse cuenta, en primer lugar, de que es justamente porque se define a lo real comoexcluido del sentido que se le puede dar sentido. No digo “en lo real”, sino a. El “en” supone uncampo y no hay interior del redondel de cuerda.Se puede elaborar saber sobre lo real, pero en las perspectiva de lo real como lo excluido delsentido. Elaborar saber no es nunca más que una metáfora. Escribamos el sentido sobre lo realSentidoReal
Esto quiere decir que incluso el saber es del orden de estos términos que multiplica la últimaenseñanza de Lacan cuando dice, no construcciones, sino elucubraciones, futilidades,fantasmas. Situar así todo lo que es sentido, no ahorra ni el saber, ni la ciencia. En relación alconcepto de lo real en tanto que excluido del sentido, todo lo que proporciona sentido cobra elvalor de futilidad y de elucubración.Se trata de una categoría, evidentemente. Se multiplican. Desde el momento en que tomamosla perspectiva según la cual se ha roto el acuerdo entre lo real y el saber, puede decirse quetodo saber se reduce al estatuto del inconsciente, es decir, al estatuto de hipótesis, deextrapolación, de ficción. Es una posición radical. Nada de lo que tiene sentido puede entrar enel concepto de lo real. No se trata sólo de “perder toda esperanza”, sino de “perder todosentido”.Es abracadabrante, pero es una posición metódica, en el sentido en que se habla de la dudametódica de Descartes. Es la duda metódica la que le permite producir la excepción del sercuya existencia no puede ser puesta en duda.
Síntoma y creenciaDe la misma manera, cuando uno se obliga a esta saludable disciplina de situar a lo real comoexcluido del sentido, eso le permite, eventualmente, ubicar la excepción del síntoma freudiano,como hizo Lacan en un determinado momento. El síntoma freudiano sería lo único real que noexcluiría el sentido. Para que una frase como esta surta efecto, para que sea incluso pensable,es preciso haber tomado la perspectiva radical de la exclusión del sentido.En la misma dirección Lacan pudo, en otro momento, declarar el síntoma analítico como unhecho de creencia. Tal como dice, se cree en él. Se cree que puede hablar y que puede serdescifrado. Se le supone sentido.Este “se cree que” pone el acento sobre la relatividad transferencial del síntoma. La frase “Secree en el síntoma” que tanto sorprendió en su formulación, es la consecuencia del sujetosupuesto saber. Sólo cambia el acento. La mera suposición significante es traducida entérminos de creencia. Cuando se dice “supuesto” nadie supone. Lacan insistió sobre eso. Elsujeto es supuesto, pero nadie supone, se supone en el significante. Cuando se dice “se cree”,eso le da mayor valor al hecho de que hace falta que alguien lo crea.Se puede formular, a partir de aquí, que la creencia transferencial contempla el saber sobre loreal como un sentido que puede hablar, como un sujeto. ¿Qué es la creencia transferencial?Démosle su nombre. Es el amor.Ahí encuentra su justo lugar lo que Lacan puede decir, y uno se pregunta por qué si no se lotoma más que de forma aislada, en la página 64 de Aun: “El amor apunta al sujeto”. El amorapunta al sujeto supuesto a un signo. El “se cree” reclama y expresa el amor. Es por eso por lose puede introducir aquí, como lo hace Lacan en su última enseñanza, una mujer en el nivel delsíntoma por excelencia.La afinidad entre la mujer y el síntoma no consiste sólo en que el síntoma es lo que nofunciona, como puede sobre todo pensarlo el pueblo llano. Es que es susceptible de hablar yesto es lo que da fundamento a la mujer-síntoma. Lo que escogen como mujer-síntoma es unamujer que les habla.He desarrollado hace poco la otra vertiente, que una mujer espera que se le hable. Esjustamente por eso que Lacan habla en la misma operación y a un mismo tiempo de “creer enel síntoma” y “creer en la mujer”. Es que se trata de un síntoma que habla y que reclama serescuchado, entendido. Para tener una mujer como síntoma, lo que significa la única manera deamar, hay que escucharla, descifrarla.Cuando los caballeros no se encuentran disponibles, cuando no tienen tiempo, cuando estánante el ordenador, que es otro síntoma que hay que descifrar, que habla, o cuando descifranlos síntomas de sus clientes, las mujeres van a análisis.Es una definición del amor que no es narcisista y que se ha buscado. Es muy simple, el amornarcisista es aquel que apunta a una imagen, mientras que el amor lacaniano es el que apuntaa un sujeto. El sujeto supuesto es el amor en tanto que introduce el sentido y el saber en loreal. Es la única manera por la cual el saber y el sentido se introducen en lo real.
Lo real sin leyDe esta manera pueden situarse los enunciados dispersos de Lacan quien puede decir, a unmismo tiempo, sobre esta base, que las mujeres son terriblemente reales y después resaltar elvalor de que son enormemente sensatas, e incluso la base del sentido, para añadir a su vez queen ocasiones son muy insensatas. Todos estos términos deben ordenarse alrededor de que elamor apunta al sujeto. No se percata uno de ello más que si se cuenta con el conceptoadecuado de lo real en tanto que fuera de sentido, pero también como real sin ley.Todo esto resulta excesivo cuando Lacan dice: “En lo real no hay ley”. Se abandonan losfundamentos hasta de la racionalidad. Del fuera de sentido aún se capta algo si se confundecon el significante, pero ¡sin ley! La ley pertenece efectivamente al orden de la construcción,de la futilidad de la construcción. Nuestro concepto metódico de lo real nos obliga a desplazarsu estatuto. Por otra parte las leyes que encontramos en lo real cambian, lo que pruebaclaramente que no se trata de lo real.8La mejor prueba de que la ciencia no es más que un fantasma, que es la posición mástranquila, es justamente que existe una historia de la ciencia que cambia. Para decirlo todo,parece un análisis.Al hacer la distinción entre lo real propiamente dicho y el sentido, encontramos lalengua.¿Cómo inventó Lacan lalengua en tanto que distinta del lenguaje? Justamente elevando unpunto su concepto de lenguaje y de estructura al nivel de la futilidad del sentido. Dijo:“Finalmente, este lenguaje con su estructura es una construcción, una elucubración de saberque se establece sobre lo que es lo real propiamente dicho”.El método del que se trata consiste en buscar lo real en todo. Buscar lo real, pasar por debajodel sentido, prescindir de construcciones, incluso si son elegantes, probatorias, sobre todo sison elegantes. Es lo que Lacan asume y demuestra en su última enseñanza. Algo así como,“¡maldita elegancia!”.Hay un libro que estoy despellejando en estos momentos y que se llama en inglés The ElegantUnivers, El Universo Elegante. La obra se dedica a exponer algo que nos provoca un efecto deresonancia, la teoría de las cuerdas y las supercuerdas, es decir, una teoría de las más recientesque pretende unificar el campo de la física. Sin embargo, lo que resulta fantástico es querenuncia a las partículas, a los puntos –como si hubiera una coincidencia en esto con alguien- ypone en su lugar, en tanto que elemento básico, cuerdas. Podría decirse: ¡qué presentimientoel de Lacan! Pero no se trata exactamente de las cuerdas de Lacan, sino de cuerdas vibrantes ysobre todo, se hace para proporcionar la idea de un universo elegante, no para aportar
Traducción: Eduard Gadea.
* “La orientación lacaniana III, 3, El lugar y el vínculo” (2000-2001), 10 y 17 de enero del2001. Texto y notas en francés establecidos por Catherine Boningue. Publicado con la amableautorización del autor en La Cause Freudienne nº 48.
Notas:
1. J-A.Miller, “Les Jornées de l’École de la Cause freudienne”, en La lettre mensuelle 193,diciembre del 2000, p. 1-5; “Le clivage psychanalyse psychotérapie “ que aparecerá en Mental.2. J-A.Miller, “Psicoanálisis y psicoterapia”, en Freudiana 10, Paidós, Barcelona, 1994, p. 11-19.3. J-A.Miller y otros, “La conversación de Arcachon” en Los inclasificables de la clínicapsicoanalítica, Paidós, Buenos Aires, 1999.4. J-A.Miller, “Du symptôme au fantasme, et retour” (1982-1983) en L’orientation lacanienne II,2, inédito . Toda la primera parte del curso, es decir de noviembre de 1982 a marzo de 1983,está consagrado a diferenciar síntoma de fantasma, poniendo énfasis en el fantasma. Lasegunda parte del curso inicia un movimiento de retorno del fantasma al síntoma, haciendohincapié en la importancia del síntoma sobre el fantasma.5. J-A.Miller, “Sobre el desencadenamiento de la salida de análisis”, en Uno por Uno 35, Eolia,Barcelona, 1993.6. Pueden encontrarse una o dos referencias en “Du symptôme au fantasme...”. El 24 denoviembre del 82 el término sínthoma es citado en relación a Joyce y el 1 de junio del 83 J-A.Miller dice: “Entre las cuestiones que lamento no haber tratado este año está la de haberdemostrado una construcción que pueda diferenciar la metáfora de la metonimia en el síntoma.Me he mantenido voluntariamente al margen del sínthoma tal como Lacan empezó a escribirlo apartir de una cierta fecha, ya que eso modifica profundamente la problemática que hedesarrollado este año y que para tratarlo de forma válida hacen falta un cierto número deconsideraciones sobre las que “El Atolondradicho” resulta crucial. Hay que haber conseguidoprimero animar este tema en lo real para abordarlo”. J-A.Miller realizó esta aportación mástarde. Hay que referirse especialmente a “Une nouvelle modalité du symptôme” (13 de mayo de1998), en Les feuillets du Courtil nº 16, 1999, p. 11-29, o anteriormente a “Le sinthome, unmixte de symptôme et fantasme” (11 de marzo de 1987) en La Cause freudienne nº39, 1998,p. 7-17.7. J.Lacan, Le Seminaire, Livre XXV, Le moment de conclure, inédito, “Une practique debabardage”, en Ornicar? nº19, Paris, Lyse, 1977, p. 5-9.8. J-A.Miller desarrollará la cuestión de lo real sin ley en la clase siguiente que se publicará en elpróximo número de La Cause Freudienne.jam@easynet.fr
FUENTE:
http://www.cdcelp.org/freudiana/J.A_Miller_1.PDF